Paola Esperón, feliz de haber cruzado por segunda vez la meta en la Salomón k42

La atleta, integrante del grupo Correr es Lomas, no llegó en óptimas condiciones físicas a la competencia, pero disfrutó de principio a fin.

La atleta de Lomas de Zamora, Paola Esperón, participó de la Salomón K42 de Villa La Angostura.
Si bien no estaba en óptimas condiciones físicas, la deportista que forma parte del Grupo Correr es Lomas no quiso perderse de recorrer y observar la naturaleza que rodea a esta carrera de aventura.
Junto a ella también tomaron parte Marcela Palaoro y Nancy Arechaga.
“Si hay algo que caracteriza a la Patagonia argentina es su bellísimo paisaje montañoso que, para esta época, combina una hermosa vegetación con sus lagos y los hielos que aún perduran del invierno que pasó. Y el ser corredor te permite disfrutar de esos bellísimos paisajes, pudiendo acceder a caminos y recorridos que no son los turísticos, sino más bien, senderos habilitados especialmente para las carreras”, comentó a El Deportivo.
La Salomon K42, que se realiza en el mes de noviembre en Villa La Angostura, es una carrera de aventura que reviste todas estas características; siendo además una particularidad de ella la dureza de su recorrido, puesto que se realiza el ascenso y el descenso de los Cerros Belvedere y Bayo, y la excelente organización de parte de la empresa encargada de ello (Patagonia Eventos).
Asimismo, esta competencia posee un gran reconocimiento a nivel internacional, al punto que reúne a la elite del trail run de la Argentina y de otros países.
“Partimos desde la Avenida de Los Pioneros y luego continuamos por la Avenida de Los Arrayanes, para adentrarnos en el bosque y cruzar el Arroyo de Las Piedritas y comenzar el ascenso al Cerro Belvedere, recorrer los filos con una bellísima vista a los lagos de la zona, descendiendo a continuación dicho Cerro y comenzar el duro ascenso al Cerro Bayo, hasta llegar a su cumbre (la cual alcanza los 1700 metros sobre el nivel del mar) y comenzar finalmente el descenso del mismo y emprender el regreso a la Villa y lograr cruzar el tan ansiado arco de llegada”, describió Paola sobre la carrera que se disputó el 19 de noviembre pasado.
“En lo personal, es una carrera que me llena el alma. Correr me da mucha felicidad, me siento libre y el correr en la naturaleza me permite entrar en contacto con ella, respirar el aire de los bosques, de la montaña e imprimir en mis retinas los paisajes únicos que se aprecian a lo largo del recorrido y, a mi entender, esto último permite compensar las dificultades de los ascensos a ambos cerros. Particularmente, debo reconocer que los ascensos me resultaron agotadores, pero una vez en la cumbre del Cerro Bayo, desde el cual se pueden apreciar a la distancia el Tronador y el Aconcagua, la vista maravillosa que te regala la naturaleza desde ese punto estratégico me reconforta el alma y, para ese entonces, digo: ´Valió la pena sufrir todo lo que sufrí en el ascenso´”.
Correr 42 kilómetros no es nada sencillo. Si hasta los que están preparados sufren la distancia, y en este caso en particular, lo dificultoso del recorrido pone en alerta a los atletas.
Sobre el entrenamiento para este tipo de carreras, Paola explicó: “No es fácil, se debe entrenar un mínimo de cinco días a la semana, realizando sesiones de fondos y cuestas, ya sea en escaleras, rampas o terraplenes, y estímulos de pasadas en ascenso, todo ello durante un lapso de seis meses como mínimo”.
Por último, detalló sus dificultades para tomar parte de la competencia y la satisfacción que le provocó llegar al final.
“Si bien este año no llegué preparada para esta carrera de la manera más óptima, no quería dejar de participar por la inmensa felicidad que siento al correr en la naturaleza, como así también al cruzar el arco de llegada, momento en que me digo a mí misma: “Paola, valió la pena todo el esfuerzo. Y a pesar del dolor físico, volvería a correrla de nuevo.”
Por segunda vez logró cruzar el arco de llegada y se volvió con la medalla finisher. ■