De un posible retiro a saldar la gran deuda del tenis argentino

Luego de tres operaciones en la muñeca izquierda, Delpo regresó con todo en 2016 y lo coronó a lo grande: con la Copa Davis en su poder.

La victoria de Juan Martín Del Potro sobre Novak Djokovic, por entonces número uno del mundo, por la primera ronda de los Juegos Olímpicos de Río fue el primer gran golpe de Torre en su regreso al circuito, después de las tres intervenciones quirúrgicas en la muñeca izquierda, y dio el primer paso de un regreso soñado.
Fue un triunfo soberbio, espectacular, que lo puso en boca de todos y le permitió dejar en el olvido los tres años de sufrimiento y de mucho dolor. Luego bajó a Rafael Nadal, se alzó la medalla de plata e hizo cuartos de final en el US Open. Había renacido Delpo, un jugador renovado y más maduro. Y quería la gloria.
Con ese nivel del tandilense, sólido por donde se lo mire, el sueño anhelado por generaciones de tenistas, desde Guillermo Vilas y José Luis Clerc, pasando por Guillermo Coria, David Nalbadian y toda la Legión, parecía que podía ser realidad.
En el camino inmediato, por las semifinales de la Copa Davis, estaba la visita a Escocia para enfrentar a la Gran Bretaña de Andy Murray, que era el número dos del ranking (hoy es el uno). Una gran prueba para el equipo argentino, y en especial para Del Potro. Y ninguno falló.
El tandilense abrió la serie con el escocés y jugó un partido increíble para darle un punto vital al elenco nacional. Era el partido a ganar para soñar con la final. Y Delpo, con otra actuación de novela, lo consiguió.
Lo derrotó en cinco sets luego de batallar cinco horas y diez minutos de juego.
Pero para que esa victoria tenga sentido, lo hecho por Guido Pella frente Kyle Edmund y Leo Mayer, en el quinto punto, ante Daniel Evans fue determinante, y es lo que lo cristalizó en realidad.
El equipo argentino, con Daniel Orsanic como capitán, dio la gran sorpresa. Una muestra de carácter para soñar con los ojos despiertos.
En la final, otra vez de visitante, como fueron todas las series de 2016, estaba la Croacia de Marin Cilic (6) y de Ivo Karlovic (20). Y Del Potro, nuevamente, era la gran carta del equipo nacional. Él lo sabía y acomodó su calendario para esta serie, como también lo hicieron Federico Delbonis, Pella y Mayer, para cerrar el año a puro festejo. Para los cuatro, como también para Orsanic y todo el tenis argentino, era el partido más importante.
Querían hacer historia y conseguir esa Ensaladera que se negó en cuatro oportunidades (1981, 2006, 2008 y 2011).
En el primer partido, Delbonis demostró estar a la altura, remontó dos sets abajo ante Cilic con un gran nivel, pero se quedó sin nafta en el quinto set y perdió el partido.
Del Potro emparejó la serie con su triunfo ante Karlovic, clave para seguir con vida. La derrota de Delpo y Mayer en el dobles del sábado (ante Cilic y Dodig) encendió una señal de alamar y el domingo no se podía fallar.
Y Del Potro no lo hizo. Después de perder los dos primeros sets ante el número seis del mundo, dio vuelta un duelo increíble, pero no pudo festejarlo inmediatamente. Para hacerlo, tuvo que esperar a que Delbonis juegue el último punto de la serie, el que definiría al campeón de la Copa Davis edición 2016.
Con autoridad, el oriundo de Azul ganó el partido más importante de su carrera en sets corrido y dio el título al equipo argentino, el que esperó generaciones y generaciones de tenistas, y con el que Del Potro cerró su año perfecto, el que le dio la razón por no haberse retirado.
El regreso de Delpo tuvo de todo, y el último título es máximo premio por toda su lucha y por no bajar los brazos. ■