El verdadero costo de los paraísos fiscales

Tal como ocurrió con los llamados “Papeles de Panamá” que pusieron al descubierto la actuación del estudio jurídico Mossack Fonseca y que involucró a personalidades del mundo empresarial, político, deportivo, del arte y hasta a jefes de Estado, esta vez la filtración de 13,4 millones de documentos revela los complejos entramados creados por los estudios jurídicos Appleby y otros similares que ofrecen servicios para evadir impuestos y ocultar las identidades de las fortunas más importantes del mundo. Cabe aclarar que si bien la conformación de sociedades con estas características, conocidas como “extraterritoriales” (offshore), no representan en sí mismo un acto ilícito, la existencia de estas empresas que se manejan en el más absoluto secretismo, alejadas de la transparencia y el escrutinio público, generan todo tipo de especulaciones. ¿Por qué los integrantes de la elite mundial acuden a estos entramados pocos transparentes y fijan domicilio en las Islas Bermudas, Islas Caimán, Dominica y Malta entre otras pequeñas jurisdicciones utilizadas, por lo general, para evadir el pago de impuestos Es la pregunta que hoy se hace todo el mundo.

Según la organización no gubernamental InspirAction, con sede en Madrid, España, la pérdida de ingresos provocada por las evasiones fiscales generan una enorme desigualdad e impide que los Estados donde estas fortunas deberían tributar tengan los recursos que necesitan para hacer efectivos los derechos de la ciudadanía en materia de educación pública, sanidad, servicios sociales e infraestructuras. Los expertos de esta organización calculan que cada año se pierden cerca de 130.000 millones de euros en todo el mundo por el fraude fiscal permitido por el secreto bancario; mientras que alrededor de un ocho por ciento del patrimonio financiero mundial está depositado en paraísos fiscales. Si toda esa fortuna pagara impuestos en sus países de origen la lucha contra la pobreza, con seguridad, sería más efectiva.

Por esa razón, distintas organizaciones no gubernamentales reclaman que organismos internacionales como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y la Unión Europea promuevan marcos normativos que obliguen el intercambio automático de información entre países y presionen para que las multinacionales declaren los impuestos que pagan en cada país que operan, y para que se replanteen las facultades que tienen las entidades financieras de no revelar los datos bancarios e información privada de sus clientes.

Como bien señala el escritor y periodista norteamericano Jacques Leslie, no hay justificación económica, política ni moral para la evasión fiscal: ésta existe sólo debido a la influencia política que la riqueza compra y que permite que existan paraísos fiscales. Esta opacidad, que dificulta la lucha contra la pobreza, sólo es posible porque se beneficia de la falta de acuerdos entre los países que amparan estos negocios y el resto de las naciones para no responder a los requerimientos de la justicia. Sin un activo reclamo de la ciudadanía y de las organizaciones no gubernamentales en todo el mundo para que se erradiquen los paraísos fiscales y la opacidad financiera, es poco probable que cambie esta situación injusta.

La aparición de nombres de personalidades de todo el mundo vinculados a este nuevo escándalo de los Papeles del Paraíso, entre los que figuran —según el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación— los ministros argentinos de Energía, Juan José Aranguren, y de Finanzas, Luis Caputo, vuelve a poner en el centro del debate el verdadero costo de los paraísos fiscales y de la importancia de encontrar una fórmula razonable para cambiar la actual situación donde el uno por ciento más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99 por ciento restante de las personas del planeta, mientras la falta de alimentos castiga a 800 millones de personas en todo el mundo.