La editorial y el territorio

Uno de los temas clave en relación con la cuestión del libro es, obviamente, el problema editorial. Reconozco haber participado, tanto como editor y como escritor, en la promoción de las llamadas editoriales independientes, que es un movimiento surgido en la década de los noventa, de esos llamados progresistas que tendieron a diversificar la cuestión libresca, y cuyo objetivo era enfrentar las injusticias que cometen las editoriales transnacionales con algunos autores y sobre todo con la publicación de poesía, que es una deuda del mundo editorial con la cultura. Por eso es tan necesario que haya una editorial estatal, así como es necesario que haya televisión estatal, como ocurre en los países civilizados. Eso permite, en parte, resolver esa brecha que afecta la visibilidad de las nuevas generaciones de escritores.

No podemos negar que el movimiento de editoriales independientes, incluida el movimiento de las editoriales cartoneras, le dieron un impulso crítico a la producción literaria latinoamericana y local, renovando los tópicos de la producción poético narrativa. La propia institucionalidad cultural acogió a ese movimiento, los que han participado activamente en el sistema de obtención de recursos.

Queremos decir que la industria cultural y la editorial, no está demás reafirmarlo, es clave para el desarrollo nacional o de un territorio, no sólo porque supone la activación de un mercado necesario en un país moderno, sino porque es fundamental para la construcción simbólica de la república.

El problema es que casi todo el mundo editorial está centrado en la capital. Los escritores que vivimos en provincia padecemos este centralismo que nos hace estar en permanente movimiento, ansioso y exigido, entre Santiago y la provincia. Hay que destacar, entonces, que surjan iniciativas editoriales en la provincia. Sobre todo en las zonas en que hay universidades, surge la iniciativa editorial que por lo general satisface las necesidades académicas.

Y donde hay universidades con facultad de humanidades hay poetas y habiendo poetas hay necesidad de publicación, por eso las editoriales llamadas independientes publican ese nicho que inauguran los vates emergentes a partir de que las grandes editoriales no los publican, o porque han optado por publicar sólo a narradores, dada las exigencias del mercado.

Hay una editorial, la de la Universidad de Valparaíso, que apostó por la poesía y por hacer relevante ese discurso, como un eje del pensamiento clásico y moderno, además de los tópicos académicos. Debemos imaginar que la decisión político cultural de optar por el equipo de Cristián Warken, Ernesto Pfifer y Jovana Skarmeta, corresponde a una apuesta que no sólo promueve el libro local, sino la necesidad de generar pensamiento territorial y general, en el marco de un diseño político cultural centrado en una experiencia estética vital, en donde el libro es la consecuencia del trabajo de una comunidad.

Las editoriales no sólo producen libros, generan perspectivas político culturales y pueden ser la punta de lanza de una institucionalidad. Todo esto implica una responsabilidad territorial y la adscripción a políticas de desarrollo que acerquen el libro a la gente. Los estudiantes y los vecinos debieran estar cerca del libro no sólo a través del sistema de bibliotecas públicas y de ferias del libro, sino también en cercanía con los escritores e intelectuales, y con la ampliación de formatos y soportes librescos. Esto supone incorporar en el imaginario libresco al mundo audiovisual y digital, como los otros lenguajes de la comunicación humana, tanto a nivel de pensamiento, como a nivel poético.

Marcelo Mellado

“No podemos negar que el movimiento de editoriales independientes, incluida el movimiento de las editoriales cartoneras, le dieron un impulso crítico a la producción literaria latinoamericana y local”.”

*Profesor de Castellano y autor, entre otras obras, del libro “La batalla de Placilla”.