La crisis más difícil del Frente Amplio en sus…6 meses de vida

El Frente Amplio, anunciado formalmente en febrero, enfrenta esta semana un conflicto profundo que devela algunas de las principales debilidades que se les ha señalado desde su nacimiento hace apenas seis meses.

La disputa entre dos de sus líderes –el diputado Giorgio Jackson y su excandidato presidencial, Alberto Mayol–, no tendría una gravedad mayor si no revelara una cierta incoherencia en alguno de sus planteamientos fundacionales. El discurso de sus dirigentes siempre se ha instalado en una suerte de superioridad moral respecto de los partidos tradicionales a los que aspiran a superar, poniendo de manifiesto que pretenden poner en marcha una forma distinta de practicar la política. Ante la primera experiencia de negociación de poder –en este caso por las candidaturas del controvertido distrito 10 de Santiago–, la coalición de izquierda muestra que la práctica de la política es un asunto complejo y que no resulta difícil caer en las pequeñeces que posiblemente explican la baja valoración ciudadana por los partidos y conglomerados. Críticas cruzadas de alto calibre, la revelación de mensajes privados, drásticos cambios de opinión de sus líderes en menos de 24 horas y hasta la participación de la pareja de uno de los protagonistas de la trama con cartas insultantes.

No era, sin duda, a lo que supuestamente había llegado el Frente Amplio y sus líderes. Entre los cuatro políticos mejor valorados, según la última encuesta CEP, tienen a su candidata presidencial Beatriz Sánchez y a los diputados Jackson y Gabriel Boric. Este episodio, en mayor o menor grado, los salpica a los tres y a Mayol, expresidenciable del bloque.

La del distrito 10 es sobre todo una disputa por espacios de poder. Mayol quería ser candidato a diputado por la lista de Revolución Democrática –que aparte de Jackson tenía otros dos candidatos, Natalia Castillo y Gonzalo Winter–, posiblemente porque la alta votación de Jackson le daba al sociólogo buenas posibilidades de triunfo en el marco del sistema proporcional. Revolución Democrática de Jackson –por las razones que fuere– se resistió a darle el espacio a quien fue uno de sus candidatos a La Moneda. Aunque unos y otros entregan distintos argumentos, lo que subyace finalmente en este enfrentamiento es que a Jackson no le acomodaba tener cerca a Mayol, que denunció una operación política para bajarlo.

¿Estamos en presencia acaso de un enfrentamiento entre dos líderes del Frente Amplio que tienen dos miradas distintas del camino que debe seguir la coalición? Por un lado Jackson: con fama de buen negociador, menos radical que algunos de sus compañeros de bloque, impulsor de la candidatura de Beatriz Sánchez, que aspira a la amplitud. Por el otro, Mayol: el candidato que apuntó al voto duro de izquierda en la primaria, defensor de la idea de que el descontento responde a causas estructurales y cuya esposa acusa a Jackson de llegar a acuerdos “miserables” con los enemigos.

El incendio del distrito 10 llega al comando

Hay un problema de división interna por la inexperiencia. Como ha repetido Beatriz Sánchez, efectivamente, tampoco la Concertación tenía experiencia en el Ejecutivo cuando llegó al poder en 1990. Pero ante cuestiones de mayor complejidad que una negociación por un cupo en el Parlamento, incluso superando diferencias históricas entre el centro y la izquierda por su posición encontrada en el gobierno de Salvador Allende, esa nueva coalición en el primer tiempo no mostró trizaduras que pusieran en duda su capacidad como alternativa política consolidada. Los quiebres de la Concertación vinieron mucho después, pero esa es otra historia…

La disputa de poder dentro del distrito 10 revela inexperiencia desde diferentes frentes. Quizás el de mayor complejidad es no haber evitado que el conflicto haya escalado hasta su propia abanderada presidencial, que sin protecciones de ningún tipo ha tenido que jugar un papel bochornoso. El martes declaraba que respaldaba 100% la decisión que había tomado de manera unánime la mesa electoral del Frente Amplio de bajar la postulación de Mayol, aunque luego nos enteramos que tampoco había sido tan unánime. Dijo que en la política habían límites –aludiendo a los mensajes de Whatsapp enviados por el sociólogo–, pero en 24 horas tuvo que retroceder y pidió a su coalición encontrar una solución. Como cuando a los partidos oficialistas se les acusa de llevar los problemas a La Moneda, en este caso el enfrentamiento Jackson-Mayol llegó directo al comando.

Revela inexperiencia y falta de institucionalidad. La mesa electoral del Frente Amplio desestimó su candidatura acusando al autor de El derrumbe del modelo de machismo, hostigamiento y agresión hacia Natalia Castillo, la compañera de lista de Jackson, a quien le habría pedido bajarse para cederle su espacio. A estas alturas existe cierto consenso en que no hubo nada violento en los mensajes y que se intentó pasar una disputa de poder por un conflicto de principios éticos. Al margen de la maniobra, sin embargo, ¿qué tipo de institucionalidad interna tiene el Frente Amplio que no otorga al acusado el derecho a legítima defensa, como cualquier órgano democrático?¿Cómo fue posible que tanto la candidata y el Movimiento Autonomista de Boric apoyaran en un principio la resolución de la mesa electoral y luego, conociendo mayores antecedentes, hayan tenido que retroceder?

La coalición se configura a través de formas organizativas modernas: asambleas ciudadanas –soberanas en sus respetivos territorios–, con una metodología que recuerda la campaña municipal del alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp. Los frenteamplistas hablan mucho de horizontalidad. Pero al margen de la novedad de su organización, el episodio Jackson-Mayol releva que se les hace urgente mejorar la institucionalidad interna. Posiblemente, deberían fundar alguna donde exista mayor jerarquía y disciplina.

La base versus “los niños ricos”

En el futuro próximo, el Frente Amplio deberá intentar solucionar los problemas de sectarismos que existen entre sus militantes. El conflicto que ha vivido esta semana la coalición dejó al descubierto una especie de fractura entre los dirigentes y parte de sus bases. Víctor Novoa, de Igualdad, anunció que renunciaría a su militancia por la “vergonzosa actuación de la mesa política del Frente Amplio ante la indigna pugna política entre dos niños ricos”, en referencia a Jackson y Mayol. En este tipo de formaciones –que está acostumbrada a la protesta, pero donde algunos ni se plantean llegar al poder– cuando tienen cierto éxito enfrentan discusiones sobre la pureza de las convicciones.

Con su primaria, el Frente Amplio demostró que podía disputar el poder en los canales institucionales. El ejercicio del 2 de julio, sin embargo, dejó al descubierto algunas de las debilidades que deberían superar si quieren conquistar mayores espacios. De partida, al menos hasta ahora, la coalición no ha mostrado electoramente ser la fuerza arrolladora que prometía. Convocaron a 327.000 adherentes –varias veces menos que la derecha–, mostrando que uno de los principales desafíos para el frenteamplismo está en conectar con ciertas mayorías que pretenden representar. En definitiva, el Frente Amplio actualmente no sobrepasa la fuerza que ha tenido la izquierda tradicional (extra Concertación y extra Nueva Mayoría). No ha dado el Sorpasso, al estilo del Podemos español.

El enfrentamiento Jackson-Mayol, en esa misma línea, representa un segundo golpe importante para el Frente Amplio en el primer medio año desde su formación formal. Un asunto es conseguir una fuerza parlamentaria nada despreciable en el Congreso en las próximas elecciones –en torno a los 15 diputados–, pero otro asunto es trazarse metas ambiciosas que no solo permitan subsistir, sino conquistar espacios mayores de poder en el futuro. Probablemente las disputas de los últimos días tienen relación, precisamente, con la instalación de piezas en el tablero para lo que viene: un choque de liderazgos con miras al próximo período 2018-2022 y, sobre todo, a la siguiente presidencial (cuando tanto Boric como Jackson tengan edad para postular a La Moneda).

No es claro todavía cómo el Frente Amplio logrará salir de este entuerto. Pero la coalición de Jackson y de Boric debería concentrarse, sobre todo, en intentar despejar la pregunta profunda que subyace en este conflicto y que apela directamente a su existencia: ¿Acaso la política chilena le otorgó una desmesurada importancia a los lideres del movimiento estudiantil de 2011?¿tenían ellos la razón o su interpretación de la sociedad chilena –la del malestar profundo y de la urgencia de las reformas– nació inflada por una centroizquierda sin veletas?

El tiempo lo dirá…