Un Chile exponencial

En 2011 el gobierno empujaba HidroAysén sin sospechar que el precio de la energía solar bajaría exponencialmente. El MWh instalado de un parque solar fotovoltaico bajó de US$ 4 millones a US$ 1 millón. Estamos acostumbrados a la evolución en términos lineales y aún nos cuesta entender que los cambios están ocurriendo cada vez en forma más exponencial. El cambio nunca será tan lento como hoy, y si no sabemos reaccionar a tiempo, lo que es hoy una oportunidad, puede terminar como amenaza.

El futuro de la humanidad será eléctrico y por lo mismo hemos visto cómo sube el precio del cobre. Los autos eléctricos prometen ser un mercado enorme y la ausencia de nuevos proyectos mineros a nivel mundial son buenas noticias para Chile, al menos en el corto plazo. Y es que tal como el petróleo sobre US$ 100 incentivó el reemplazo de motores en base a combustibles fósiles, un mercado con el cobre por las nubes estimula la creatividad de emprendedores y corporaciones en busca de sustitutos. Así es como el precio del grafeno bajó 33% en los últimos dos años. Atinemos, que no nos pase lo mismo que con el salitre artificial o con el canal de Panamá.

Chile tiene una situación privilegiada en el mundo: la mejor radiación solar del planeta, las segundas mayores reservas de litio y las primeras de cobre. Somos un país estable políticamente, con baja corrupción y población pequeña que nos permite llegar a consensos más fácilmente. Todo esto, en un contexto de un mundo eléctrico, es la combinación perfecta para dar un salto cuántico en nuestro desarrollo. Pero para que sea realidad, hay que generar la coordinación industrial, regulación e incentivos correctos.

El paso de una economía agraria a una industrial de Corea en los ‘60 y Malasia en los ‘90, fue una decisión e inversión, tal como la apertura comercial de Chile. Hoy necesitamos nuevamente invertir y tomar una decisión. Tenemos la oportunidad de exportar energía a toda Latinoamérica, liderar la manufactura de baterías de litio, ser el polo de educación para Latinoamérica y reinventar nuestra relación con el cobre, dejando atrás la excusa de la energía cara, apostando por manufactura de punta y minería sustentable. Esto nos permiten soñar en un país completamente libre de corrupción y de trámites automáticos, en una economía y sociedad digitalizada.

Un Chile Exponencial pasa por nosotros, por no caer en el simplismo de explotar nuestros recursos, sino invertir en ellos. La ventana de oportunidad es hoy, justo antes de que explote la demanda por este nuevo mundo. Sólo necesitamos creernos el cuento, mirar a futuro y apostar en grande.