Demos el primer paso

Sebastian Hernández

Francisco escogió la misericordia como emblema de su papado. ¿Es necesario ser católico para practicar una de las más bellas virtudes del ser humano?.
Desde que nos levantamos hasta que regresamos a casa, los días están llenos de pequeñas oportunidades para ser misericordiosos con los otros. Pero es necesario que alguien dé el primer paso. Practicar la misericordia, significa darlo nosotros primero.


Hay formas sencillas: Un simple saludo, puede significar un gran día para la persona que lo recibe. A veces me preguntaba porque en una vereda, siempre votaban por el mismo político, cuando en realidad desde su curul, no había hecho gran cosa por el corregimiento. Cuando los campesinos se bajaban del Willlys con las manos llenas de tierra, sonreían al ver al político, quien los esperaba con un abrazo, a diferencia del desprecio que recibían de otros en la ciudad. He ahí la razón de sus votos. Así pues, no demeritemos el poder de un saludo y lo que puede significar para quien no se lo espera.


Otra forma son las segundas oportunidades, quien no da una segunda oportunidad se priva de conocer los verdaderos cambios en la vida de una persona, dar una una primera oportunidad a quien siempre está dispuesto no es cosa extraordinaria, pero dar una segunda oportunidad a quien defraudó un corazón, traicionó una amistad o le hizo daño a la sociedad, implica esfuerzo y misericordia, y no digo que seamos capaces de hacerlo con todos, pero dar por causa perdida a un ser humano, es dar por perdida a toda la humanidad, pues somos los mismos seres y tenemos en común que somos humanos; con una sola persona que nuestras acciones logren cambiar, habremos ganado más bendiciones que las que se reparten al paso del papamóvil.


Cierra el día, escogiendo una persona desconocida que te encuentres en la calle y trata de imaginar cuales son sus problemas, sus sueños y sus ilusiones, y detente un momento para hacer una oración por el, o para desearle mentalmente los mejores deseos. Eso logrará desenfocarnos de nosotros mismos, de nuestros problemas y tristezas, reemplazando las preocupaciones egocéntricas por un sentimiento de empatía hacia otros seres humanos.


Que poderoso cambio evidenciaremos en nuestras vidas, pues el universo no tendrá más alternativa que la de reflejar lo que le brindamos, devolviéndonos misericordia, bondad y alegría.