Lecciones de los huracanes

Los fenómenos que se presentaron la semana pasada dejaron enseñanzas en materia ambiental y de prevención de riesgos.

En solo una semana el Caribe, Centro América y el sur de los Estados Unidos estuvieron en vivo por cuenta de algo inusitado: tres huracanes activos al mismo tiempo, y, como si esto fuera poco, en México, pero hacia la costa del Pacífico, un terremoto de 8.1 grados en la escala de Ritcher dejó un centenar de personas muertas en el estado de Oaxaca y grandes destrozos materiales.

Estos hechos, más allá de verlos desde la distancia a través de los medios de comunicación, deben motivar reflexiones y sobre todo acciones en materia de preparación y reacción ante los fenómenos naturales. No hay que esperar a que los desastres ocurran aquí para pensar en ellos.

La evacuación de Miami y gran parte de la Florida ante el paso del huracán Irma es un modelo interesante y efectivo en el que la vida se prioriza sobre las pertenencias materiales, pero además un modelo de coordinación entre autoridades y los ciudadanos; las primeras determinan qué se hace y cómo se hace, y los segundos acatan esas disposiciones.

Esto se puede contrastar con el proceso de desalojo y reforzamiento del jarillón del río Cauca a su paso por Cali, proceso que lleva ya más de tres años y en el que, pese al peligro inminente, el entendimiento entre las autoridades y los habitantes del dique ha sido complejo y torpedeado por todo tipo de intereses, sin que se midan los riesgos que esto trae para ellos y para toda la ciudad.

Pero además de aprender cómo afrontar una emergencia, es necesario pensar qué se puede hacer, de manera colectiva y también individual, para reducir el impacto ambiental, pues los tres huracanes en simultánea no son una conicidencia, sino consecuencia del innegable cambio climático.