Voto y democracia

Otoniel Arango Collazos

En marzo y en mayo del año entrante, se llevarán a cabo las elecciones a Cuerpos Colegiados y Presidencia de la República, y es bueno analizar la actitud de los ciudadanos frente a la oportunidad de elegir, como el derecho fundamental que tiene todo ciudadano de participar en la conformación, ejercicio y control del poder político, según se consagra en el artículo 40 de nuestra constitución.
La gente cansada de la politiquería, desecha participar en política y por eso la costumbre de votar en blanco va en franco aumento.

De acuerdo con la sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional, el voto en blanco es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”. Esos efectos se refieren a que “Deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de los votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría”. Es pues el voto en blanco, una expresión genuina de participación sana en política, cuando ninguno de los candidatos llena las expectativas. El problema con el voto en blanco, es que si no se obtiene la mayoría, se corre el riesgo de que el remedio sea peor que la enfermedad y resulte electo uno peor de lo que se espera.


La abstención por su parte, es el cáncer que carcome nuestra democracia y nos sitúa en el deshonroso pedestal de ser una democracia formal pero no real, pues cuando la abstención obtiene mayoría, así ésta sea muy alta, no se repite la elección, por lo que termina el pueblo gobernado por el mandato de unas minorías, regularmente compradas vía incentivos económicos, burocráticos o mediante el ejercicio de la violencia.


El promedio histórico de abstención en Colombia, se ha estacionado en elecciones presidenciales en niveles superiores al 50 por ciento y en política como en el futbol, el que no hace los goles los ve hacer y es por eso en Colombia una minoría de tan solo el 14 % de los habitantes, decide quien gobierna el país del Sagrado Corazón de Jesús, porque la gran mayoría de ciudadanos, están inscritos en la famosa escuela del meimportaunculismo o son víctimas del síndrome de Estocolmo, que induce a las víctimas de secuestro a querer a sus secuestradores, como si fueran sus protectores. Será interesante ver a los candidatos de las Farc, solicitando el favor del pueblo, cuando toda la vida, se la jugaron por el abstencionismo; una gran paradoja que solo el pueblo podrá resolver. Un feliz día y mucha prosperidad.