Herejías (3)

Juan Manuel Buitrago

Vae Victis. Cuando ya se había equilibrado la balanza que pesaba el oro que debían pagar los romanos como rescate alguno de ellos protestó porque los galos hacían trampa en la medición. Breno, añadiendo su espada al contrapeso fraudulento, pronunció la frase que traduce “ ay de los vencidos “ y expresa la soberbia del ganador..


Existe una diferencia fundamental entre la rendición incondicional de quienes pierden la guerra y los tratados de paz entre naciones que fatigadas de pelear convienen pactar unas concesiones mutuas. La soberbia del ganador se vuelve una ilusión falsa cuando se apodera de las partes en el caso de no haber naciones soberanas en lucha sino precarios representantes de una sola legitimidad nacional que alegan ser los poseedores de la verdad.


El abogado Santiago y hasta el mismo Papa Francisco creen que las FARC ganaron . El abogado Fernando Londoño y quienes votaron NO en el Referendo creen que el Gobierno tenía ganada la guerra. Ambos bandos esperaban como Breno la rendición incondicional del adversario : los unos creen que pueden aspirar a la Presidencia sin responder por sus crímenes , los otros creen que es posible meterlos a la cárcel sin haberlos derrotado.


En un momento dado de la hoy obsoleta lucha campesina por llegar al poder mediante la conformación de guerrillas surgió el fracaso de los capos urbanos del narcotráfico para obtener mediante el terrorismo poder político que les garantizara la impunidad en sus actividades criminales y tras el exterminio mutuo de los carteles los antiguos movimientos guerrilleros se apoderaron de ese negocio y replantearon el chantaje al Estado ofertando no solamente la dejación del narcotráfico sino un premio Nobel de Paz mediante el uso de parte de su dinero para comprar simpatizantes ingenuos en todo el mundo.


El problema ha sido camuflar ese sucio negocio de lavado de dólares convirtiéndolo en tratado revolucionario cuando no hay reivindicaciones políticas para exhibir como trofeo. Las inexistentes reivindicaciones había que sacarlas de la nada para justificar la negociación del Código Penal y se pretendió hacerlo mostrando como el gran logro de la izquierda la candidatura presidencial de un mercader de coca vergonzante que luciría ante el mundo como un Che Guevara redivivo. Despreciar la inteligencia de los colombianos volvió añicos el montaje.


 La soberbia del ganador les impidió a las FARC un final correcto que habría sido perpetuar el engaño haciéndonos creer que aceptaban haber perdido la guerra aunque para sus adentros supieran que la habían ganado porque quedaron amnistiados y ricos. El acuerdo de paz descansa en paz.