Las Farc, en campaña

James Cifuentes M.

En nuestro grupo de “politólogos” de la 9ª con 19, a propósito de la validación que se dio para que las Farc presenten candidatos a las próximas elecciones, algunos reprobaron esa decisión y lamentaron vivir en un país sin memoria.


 En este conflicto, o como lo queramos llamar, que en principio enfrentó el país rural con el país urbano, la Colombia centralista con la nación abandonada, y que luego se degradó al contaminarse con la delincuencia organizada, el narco-paramilitarismo y la narco-subversión, y muchas otras expresiones de la violencia que se volvió negocio, una forma de vida de un montón de renegados sin causa, la MEMORIA es un factor polivalente.


 Por la MEMORIA tenemos que tener presente por qué surgió toda esta tragedia, para poder saber cómo nos reconstruimos como pueblo, pero, en función de la MEMORIA no podemos seguir como la hoja en el remolino, sin avanzar en ninguna dirección que es lo que nos pasó en 50 años.


 Los acuerdos de La Habana no significaron la paz per se; no fue suficiente con silenciar los fusiles; hay que lidiar con muchos obstáculos, para lograr el objetivo fundamental, que las diferencias se resuelvan por la vía democrática y para eso no hay más remedio, políticamente hablando, que permitir que los rebeldes puedan migrar a esa forma civilizada.


 La racionalidad tiene que prevalecer por encima del rencor y la indignación que solo llevan a la confrontación. Al margen de lo que cada quien guarde en su corazón, de si es capaz de perdonar o no, tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para comprender que es mejor el discurso de las ideas desde la tribuna que el fuego cruzado en nuestros campos, que el dolor y la muerte que son los únicos frutos de la venganza.


 Aunque asumiéramos que la disidencia guerrillera no es un problema natural y propio de un proceso de paz, por la multiplicidad de intereses, sino que es una perversa estrategia de las Farc, que les permitiría mantenerse en armas y al mismo tiempo hacer política, los colombianos tenemos que entender que ninguna plataforma programática aguanta esa ambigüedad; es decir que, si las Farc le apuestan a la institucionalidad, tienen que convencer al electorado con sus propuestas y con sus actos.


 Con el SÍ y con el NO, las posiciones en Colombia quedaron fijadas, sin que pueda decirse que la mitad de los votantes que apoyó los acuerdos sea pro-Farc, comunista o castro-chavista; por eso no veo inconveniente que ese grupo, desmovilizado y reincorporado, se haga contar.