Cifras grotescas

Circula en las redes sociales un vídeo hecho en Dubái en el que Pirry nos reveló que con el dinero que se robaron de Reficar se habrían podido construir en Colombia -país más pobre que los Emiratos Árabes- dos edificios idénticos al Burj Khalifa, la construcción más alta del mundo y orgullo de jeques multimillonarios.

Quedé impresionado e imaginé que tal afirmación era igual de exagerada a la del exprocurador Ordóñez cuando dijo que en Colombia nadamos en un mar de coca. Si bien es cierto que las más de doscientas mil hectáreas sembradas de coca no alcanzan a ser el mar más pequeño del planeta, si representan el doble del área que sumarían los tres lagos más grandes del país pegados: la Tota, La Cocha y Sonso.

Mi curiosidad económica me hizo revisar el tema de Pirry para ver si era verdad tamaña y grotesca corrupción -con el agravante de ser tan solo un caso particular- y me encontré que los “sobrecostos” de Reficar equivaldrían a 2,8 veces lo que costó la construcción del famoso rascacielos. ¡Pirry, te has quedado corto!

Estas chocantes cifras y más aún si son relativizadas, hacen poner la piel de gallina a cualquier colombiano que ame a su país, sin embargo hay un tercer número que me aflige más que el mar de Ordóñez o que los casi tres edificios de Pirry, y me refiero concretamente a los 56 niños que murieron de física hambre en La Guajira durante el 2016, mismo año en que se destapó el escándalo de Reficar. Cifras grotescas que reflejan nuestra triste y desgraciada realidad.