Vida bajo los puentes

Ángel Gómez Giraldo
   
La muchacha está semidesnuda y camina con la cabeza gacha,  mirando hacia el piso.
El sol suave de la mañana del sábado ni siquiera alcanza a arañarle la cara. El muchacho que va detrás de ella con la prenda masculina que suele ir asegurada a la cintura del macho es pantalones caídos hasta bosques de la virilidad.


Uno y otro un poco más de 20 años de edad son como de 50 y poco o nada les interesa saber quién los está mirando. Si no saben de dónde vienen ni para dónde van, menos les importa la semidesnudez si la miseria y el abandono los cubre .
Todo esto lo toca a uno y al esteta e igualmente a la persona más humana.


Cierro los ojos y me preguntó:  ¿Dónde está Dios que permite este mundo de gente tan  ‘rayada’? Luego los abro y el moño rubio de la razón me dice que estoy en los puentes de la cra. 9a. de Pereira. Uno de estos tan cerca a una avenida, la del Ferrocarril que aún recuerda a los pereiranos los tiempos en que la máquina pasaba echando humo hacia Manizales.
Cosa curiosa, el puente no tiene agua abajo; tiene un río de gente. Gente de poca carne y mucha piel con el color sepia de las fotografías antiguas. Cuerpos secos como  madera para leña.

Vadear el río
Llega el momento en que tomo la decisión de vadear este río sin agua pero con un ambiente tan frío que hiela los huesos. Lo hago camuflado de albañil y con el respectivo salvavidas para no ahogarme.


Los dos jóvenes semidesnudos no dicen cómo se llaman, la memoria se les “totió” pero alguien que los sabe me los sopla: “Olga y Fabio”.
“Muchachos, la vida no es para uno fumársela sino para gozársela sin necesidad de irse de golpes en la torre” .


Las imágenes que siguen a estas son más ásperas: otros hombres ya no tan jóvenes anuncian a todo pecho venta de basuco y marihuana. El tono de voz de estos anunciadores del vicio es el mismo de los pregoneros de las almacenes de remates del centro de la ciudad.
Mientras esto se oye, un grupó de “sardinas” hechas ya unos bagres de río de aguas sucias, se dedican al consumo de la manera más desprevenida, tal vez sin haber desayunado.


Otras y otros hacen grupo de personas sentadas sobre el pavimento, hastiadas de tanto “viaje” y de sentirse abandonadas por el “patrón”. Por Dios. Peor aún, una anciana víctima de la droga duerme en posición fetal sobre una colchoneta abandonada en la mitad de la calle.
Los muchachos sin camisa y las muchachas con dos trapitos no más, uno arriba y otro abajo, sudan por culpa de un sol travesti pero no se muestran incómodos.


 Cuerpos de hombres y mujeres casi acabados, yertos. !Virgen Santísima, San Juan Bautista  patrón de las redes sociales! ¿Dónde están los humanistas de este país? Aquellos que gritan: “primero  el ser humano”.

Segundazo
Me sorprende tanto segundazo y oferta de ropa usada. Pareciera que la ciudad decente se hubiera desnudado y llevado la ropa allí. Lo más seguro es que aquí moran muchos dueños de lo ajeno. A pesar de todo no existen ladrones, “porque el que roba se muere”, sostienen los que ofrecen la mejor mercancía. Están los celulares, los cargadores, repuestos para electrodomésticos y con ellos los que venden, los que compran. Se encuentra de todo. Y todo es todo.


Botas negras para hombre a 15 mil pesos y chanclas doradas para mujer a 3 mil.
“!Ay la ciudad de mejor vida! No sabe de la misa la media de quienes viven y comercian bajo los puentes!.
 Bajad para que mireis cómo arde el caldero de la miseria humana.
Sin embargo se alquila pieza para persona sola y ratos para pareja de parceros revitalizados con jugo de chontaduro y borojó. ¿A cómo la pieza? !A 5 mil pesos!

Almuerzo
Es casi hora del almuerzo pero nadie tiene ya nariz para oler el aroma del sudado de gallina o el sancocho de hueso de res que prepara Olguita la dueña del lúgubre restaurante, a 5 mil pesos, ni para recibir el olor de la piña que parte “Alfonsito”, el vendedor de frutas.
El consumo aumenta y el hambre produce dolor de tripa. Qué importa si el tinto negro o con leche tiene aquí el mismo precio: 300 pesos.


Y puedo hablar de cabras porque hay chivas que producen leche que se sirve con Kola Granulada y miel de aveja a mil pesos. Y todos tan pálidos. ¿Qué será?
Tomo gaseosa fría para la sed y para pasar esta carraspera de ser informado que nada de riñas ni enfrentamientos bajo los puentes. Quizás porque la fuerza pública está presente con radiopatrullas y personal uniformado. “!Oh gloria inmarcesible o júbilo inmortal!” Sin embargo no se me quita el temor a puñal.

Lo bello
Pero tenía que haber algo bello: Una chica de aproximadamente 25 años con el aroma de la pulcritud femenina que es el mejor perfume para ellas, rostro simétrico con una boca y unos ojos al punto para enamorar a los hombres. No de gran estatura pero delgada, piel canela y cabellos castaños cogidos atrás en cola de caballo para ganar con expresión amable.
La miré. Me miró... y se sonrió como una novicia que duda entre entregarse a Dios o a los hombres. Sentada toda su elegancia sobre un modesto taburete de madera, tenía al frente suyo, en igual posición, a una señorona, a lo mejor clienta de mucho tiempo, a quien le prestaba el servicio de manicure.

¿Cuánto cobra por el arreglo de uñas?
La bella joven me volvió a mirar con unos ojos y una sonrisa llenos de tal dulzura que aún los estoy saborando: “Siete mil pesos”, me respondió.

¿Cómo me quedó el ojo ?
Bien porque levanto la mirada y veo que puedo salir por los puentes peatonales de la Avenida del Ferrocarril, a pocos pasos, toboganes para que el cuerpo se deslice hacia tierra seca. Obra bacana de un proyecto de la Administración Municipal de Pereira, denominado Integración Arterial del Centro Tradicional, con inversión de 3172 millones de pesos.