Morir, ¿en casa o en el hospital?

PAMPLONA. ¿Y si se siente abandonado en el hospital?, ¿y si no voy a poder atenderle como debiera en casa?, ¿se sentirá igual de arropado en aquella habitación que si estuviera en casa? Son algunas de las muchas preguntas que surgen cuando una persona querida o un familiar enfermo se acerca a sus los últimos días de vida. Aunque hasta hace relativamente poco tiempo la mayoría de personas optaba por fallecer en el hospital, poco a poco es más frecuente que decidan hacerlo en casa, rodeados de los suyos. Así lo destacan datos del Hospital San Juan de Dios de Pamplona de 2014, en los que se refleja que de 655 personas que fallecieron dentro de su programa, 375 lo hicieron en domicilio (un 55%) y 211 en la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital (un 32%). Esto, según afirman diferentes profesionales sanitarios consultados, responde al deseo de las personas que se encuentran en el final de su vida de pasar los últimos días de vida en casa y acompañados de su familia. No obstante, estos profesionales agregan que, en realidad, la cuestión no es tanto “dónde se muere” sino “cómo se muere”, puesto que las circunstancias relacionadas con las dolencias o el apoyo emocional pesan más que el lugar donde pasar los últimos días.

Para la persona que va a fallecer, la decisión tampoco es fácil. Cuestiones como ser una carga para la familia, dónde recibiré mejor atención médica o qué lugar será el mejor para que toda la familia esté bien dificultan la elección del lugar en el que fallecer. Ante estas dudas se encontraron Tere y su marido cuando este se encontraba en la fase final de un cáncer muy agresivo. “Él quería quedarse en casa, pero valoró la situación y tenía miedo de que yo no me pudiera hacer cargo de él o que fuera una carga demasiado grande para mí, por lo que tomó la decisión de acudir al hospital, donde sabía que estaría bien atendido”, cuenta Tere, vecina de Lacunza, quién admitió que, pese a que al principio discrepaba con su marido, poco a poco cambió de idea. “Veía a mi marido muy cómodo en el hospital y bien atendido, y finalmente comprendí que él debía estar allí y así lo prefería yo también”, agrega. La experiencia de Juanjo y su mujer fue diferente, al permanecer ella en casa. “Por supuesto, al principio te entran dudas de si serás capaz de cuidarle y qué atención necesitará, pero nosotros, puede que por la valentía de mi mujer y su coraje en los últimos días de su vida, lo supimos llevar muy bien”, dice Juanjo, de Pamplona, para quien “si tuviera que pasar 100 veces por la misma situación, repetiría en las 100 veces todo lo que hicimos”.

Si bien es habitual escuchar que como en casa, en ningún sitio, Tere y su marido hicieron del hospital su hogar y de la habitación el refugio en el que él descansó acompañado de los suyos. “Yo no me separé de él ni un momento y todos los días venían amigos y familiares para distraerle de su enfermedad y su dolor; nos sentimos muy a gusto y como en casa en el hospital”, apunta Tere. Esta experiencia fue igual de intensa en el caso de Juanjo, quien comenta que “el hecho de poder estar en casa” le permitió acurrucarse” junto a su mujer todos los días y sentirla “igual de cerca que siempre”. “Tuvimos la oportunidad de darle un bonito adiós, sin separarnos de ella y cuidándola como mejor pudimos hacer”, añade.

respaldo médico Por otro lado, aunque ambas experiencias, en cuanto a la atención médica, son diferentes, tanto Tere como Juanjo destacan lo bien que estuvieron cuidados sus familiares en todo momento, gracias a la ayuda de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Pamplona. “Para nosotros fue importante saber que contábamos con ese apoyo médico, porque pese a que mi mujer fue una luchadora y jamás se quejó de ninguna dolencia, nosotros necesitábamos saber que, al estar en casa, contábamos con un respaldo profesional”, indica Juanjo. Para Tere, el contacto con el equipo médico fue constante, y eso le otorgó una tranquilidad que, dice, “en otro caso no hubiera tenido”. “Es más bonito que el proceso sea en casa, claro, pero para nosotros fue todo tan cómodo y fácil que acabamos con una sensación perfecta”, subraya.

A la hora de afrontar el duelo, Juanjo cuenta que, para él, “es más fácil tras haber vivido todo esto en casa”, ya que siempre se quedarán “con el recuerdo de que hasta el último momento estuvo ahí, con toda la energía que podía y sonriendo hasta el final en casa, como hacía siempre”. El hospital, por otro lado, permite a los familiares un cierto distanciamiento de la muerte del ser querido, algo que también puede resultar positivo en el proceso del duelo. “Poder dejar toda esa experiencia allí me ayudó a aprender a vivir el día a día sin él”, apunta Tere, quien añade, no obstante, que echa de menos “todo aquello, que en un momento se convirtió” en su casa.

formación ante estas situaciones Por otra parte, Juanjo destaca la importancia de la “formación” sobre los cuidados a estas personas enfermas en fase terminal, ya que él se enfrentó a esta situación “sin conocimiento de nada”. “Nosotros decidimos que mi mujer pasara sus últimos días en casa, pero no teníamos ni idea de cómo debíamos actuar y nos llenamos de dudas”, dice, y añade: “Deberíamos haber sabido qué necesitan estos enfermos, cómo hay que cuidarles y qué podemos hacer sus familiares por ello, y para esto considero que una formación previa es fundamental, tanto para la familia como para la persona que está enferma; es decir, hay que tratar la muerte con más naturalidad”.