¿Eduardo Men… qué?

Dicen las cifras oficiales que en la Feria Internacional del Libro que se celebra en Guadalajara (México) hasta el próximo domingo, la más importante de la industria en español, se pueden encontrar 400.000 títulos en 23 lenguas distintas, pero ayer su base de datos respondía con tres únicas novelas a la consulta por Eduardo Mendoza, Premio Cervantes de 2016: El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y Mauricio o las elecciones primarias. Dos horas después de que abriera el reciento de la FIL, en el stand del grupo Planeta -al que pertenece Seix Barral, su editorial de siempre- no había un solo libro del recién galardonado. Los pocos que había, volaron en cuanto se supo la noticia, explicaba uno de los vendedores, que se ha conjurado, dice, para traer a toda velocidad ejemplares de Riña de gatos. Madrid 1936. Muchos de sus colegas, entre tanto, recibieron a la vez la noticia del premio y la de la existencia del novelista barcelonés.

Entre los escritores participantes en la FIL, los más madrugadores se desayunaron con la consagración de Mendoza y, de paso, con la constatación de que su obra es muy poco conocida en América Latina. Si Élmer Mendoza recibía la noticia bailando –“¡es un creador”!-, Elena Poniatowska, Cervantes en 2013, confesaba que lo había propuesto como candidato por recomendación del pintor Vicente Rojo, que la llevó a leer los libros de su nuevo compañero de palmarés. “Mendoza es un gran novelista en dos de sus libros –La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios- y un buen escritor en todos los demás”, comentaba Juan José Armas Marcelo, que celebraba que el premio más importante de las letras hispanas haya recaído en un autor “canónico” sin dejarse llevar por la tentación de “saltarse el canon ni las generaciones”.

Por su parte, el escritor y académico mexicano Gonzalo Celorio –que conoció personalmente a Mendoza en el pasado Congreso de la Lengua de Puerto Rico- mostraba su alegría por el hecho de que distinción tan solemne haya recaído en un escritor con un costado humorístico tan fuerte: “La risa siempre es crítica. Como decía Cortázar, el humor ha cavado más túneles en la tierra que las lágrimas derramadas sobre ella”. Eso sí, no dejó de señalar que la costumbre de alternar escritores españoles y latinoamericanos en el Cervantes ha dado lugar a “una proporción que no parece la más adecuada”. “Lamentablemente, es un autor poco difundido en Latinoamérica”, continuó, “pero eso es algo que el premio ayudará a corregir. Al menos la desproporción sirve para eso”. Algo parecido apuntaba la puertorriqueña Mayra Santos-Febres, que, además, atribuye la falta de conocimiento de la obra de Mendoza al hecho de ser “una voz que uno no esperaría que le llegara de España: es irónico, no te cuenta la Guerra Civil…”

Finalmente, Gustavo Guerrero, ensayista venezolano y responsable de la división de autores en lengua española de Gallimard, recuerda los años en que ejerció como editor de Mendoza para Seuil: “Habíamos traducido dos libros y no habían funcionado, pero se le tuvo fe y salió un tercer libro. Era La ciudad de los prodigios y fue tal éxito que lo vivimos como un acto de justicia”. Ahora solo falta que la justicia -y las novelas del nuevo Cervantes- cruce también el Atlántico.

 

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Fuente: EL PAÍS