Carlsen, campeón del mundo de ajedrez en la guerra relámpago

El noruego se impone al ruso Karjakin en las partidas semirrápidas

Revalida el Mundial de Ajedrez por un 9-7 final

Así se les hemos narrado la partida

Como todo guionista sabe, un buen final es capaz de arreglar cualquier historia. El campeonato del mundo de ajedrez que se ha venido disputando estas últimas semanas en Nueva York tuvo un arranque tibio: siete tablas consecutivas de juego intachable, pero árido e insulso. La trama mejoró sustancialmente cuando el aspirante se adjudicó la primera victoria, obligando al campeón a remontar. Y el colofón, inolvidable, llegó anoche, en un desempate vibrante de partidas rápidas en el que Magnus Carlsen mostró finalmente su mejor cara y desbordó por completo a Sergey Karjakin (3-1). [Narración de la jornada definitiva]

La primera partida del tie-break, con 25 minutos para cada jugador, fue intrascendente: los jugadores se limitaron a tomarse la medida y adaptarse al nuevo ritmo de juego. Fueron tablas en 37 jugadas; la calma que precede a la tormenta.

Los fuegos de artificio comenzaron en la segunda, que Carlsen condujo brillantemente con blancas. En el momento crucial de la partida, el noruego se sacó de la chistera una idea muy interesante que le daba la iniciativa: sacrificó temporalmente uno de sus peones centrales a cambio de abrir paso a otro, en el flanco, que amenazaba con convertirse en un peligro público.

Karjakin, ya por debajo en el reloj, no atinó con la mejor respuesta y se quedó claramente peor. La ventaja de Magnus pronto pasó a ser decisiva: con la pareja de alfiles contra la torre negra, sólo necesitaba abrirse paso hasta el rey de Karjakin para rematar la faena. Y aquí llegó el milagro: con una posición perdida y muy pocos segundos disponibles, el ruso logró mantenerse sobre la cuerda floja, saboteando los intentos de avance de Carlsen. En un final agónico por su posición y por la cuenta atrás del reloj, el aspirante encontró jugadas dificilísimas sin ni siquiera poder pararse a pensar, construyó otra de sus fortalezas, y logró irse al rincón habiendo arrancado un empate. Nadie se lo creía, y es probable que ningún aficionado que lo haya presenciado en directo pueda olvidarlo.

Carlsen regresó al escenario para la tercera partida claramente furioso: en la tarde de su 26 cumpleaños, parecía que Karjakin iba a arruinarle la fiesta. El ruso dio la impresión de querer provocarle con su jugada Cg5, invitándole a una lucha cuerpo a cuerpo a sabiendas de que el campeón estaba tocado. Pero, entonces, surgió sobre el tablero una de las posiciones más interesantes que hemos visto en este mundial, con un claro desequilibrio y muy rica en posibilidades.

En medio de esta complejidad fue donde Carlsen pareció decirse: "Esto se acaba aquí y ahora". El campeón demostró por qué se le considera uno de los mejores ajedrecistas de la historia, y jugó con un dinamismo propio del mejor Kasparov, que es precisamente lo que este tipo de posición requería. Karjakin, finalmente, se derrumbó; Carlsen se ponía por primera vez por delante en el marcador, a falta de una sola partida, en la que contaría con la ventaja de las blancas.

"No creo en los milagros", afirmó el representante del ruso, descorazonado. El último asalto fue un intento desesperado de Karjakin por evitar simplificaciones, ante un campeón crecido que, con cada esquiva respuesta de Sergey, se iba adueñando un poco más del tablero. Como suele ocurrir en estos casos, el jugador que manda en el marcador no sólo consiguió igualar fácilmente, sino que incluso obtuvo ventaja: estas situaciones suelen resolverse con una oferta de tablas que equivalen a una honrosa rendición en el match.

Pero en el último instante, Carlsen descubrió un remate elegantísimo, un sacrificio de dama fulgurante que le permitía ejecutar un jaque mate de antología. Dos rarezas combinadas en una partida de esta trascendencia, y un broche de oro a un encuentro con el que Magnus Carlsen se regala otros dos años como campeón del mundo.

"Estoy muy contento de que hacia el final del encuentro conseguí disfrutar jugando. Hasta cierto punto creo que eso fue lo más importante", declaró Carlsen, que comenzó su intervención ante la prensa felicitando a su rival. "Busqué las tablas en la última de las partidas lentas porque mi cabeza estaba funcionando mejor en estos últimos días y me pareció que me daba mejores posibilidades disputar cuatro partidas, que jugármelo todo a una. Además fue muy refrescante jugar un poquito más rápido, tras todas esas partidas tan largas y reñidas". El campeón añadió que ni siquiera había comprobado cuál era su resultado 'head-to-head' con Karjakin en partidas rápidas (4-4), pero simplemente se sentía confiado de cara al desempate.

"La diferencia es que Karjakin se propuso demostrar aquí que es tan bueno como Carlsen, mientras que Carlsen vino aquí a demostrar que es el mejor", señaló el gran maestro húngaro Denes Boros, para quien Sergey pecó de falta de ambición. El ruso, que no perdió la sonrisa en ningún momento, se tomó la derrota con mucho aplomo y, como consuelo, se lleva a casa un 55% del millón de euros de la bolsa de premios: un porcentaje mayor de lo habitual para el perdedor, gracias a haber alcanzado los tie-break.

Aunque esta suma queda empequeñecida si se compara con el apoyo financiero que se rumorea que Sergey recibió de las autoridades rusas para su preparación: alrededor de un millón de euros. "Quizá entrené demasiado, y todo ese trabajo consumió mi creatividad. La próxima vez intentaré tener la cabeza más fresca", declaró, dejando claro que confía en volver a luchar por el título. Es posible que éste haya sido sólo el primer capítulo de una larga rivalidad.