El ángel de los gatos de Alepo: cómo un electricista sirio movilizó a una ciudad para el Nobel de la Paz

Mohammad Alaa comenzó cuidando a cinco gatos, abandonados en medio de los bombardeos, y hoy cuida de más de 170 animales

El refugiado sirio que narra el dolor de su éxodo en poemas virales

Debido a los intensos bombardeos que han sacudido el este de Alepo en las dos últimas semanas, ha tenido que cambiar el refugio en varias ocasiones. Conductor de ambulancias cuando comenzaron los ataques, electricista de profesión, el conocido como el hombre de los gatos de Alepo ha recogido y cuidado a decenas de animales abandonados durante los últimos años. "Ser compasivos es un deber que tenemos todos los seres humanos, no sólo entre nosotros mismos, sino con cualquier otro ser vivo", explica Mohammad Alaa a FCINCO en árabe, su única lengua, a través de una aplicación de mensajería instantánea.

En Alepo, ya no hay hospitales a los que llevar a enfermos o heridos, y allí animales también son víctimas de la destrucción. "Cuando la guerra empezó en mi país, me dediqué a cuidar a unos pocos gatos. Al principio eran cinco, pero a medida que los días pasaban y la guerra solo iba a peor, llegué a acoger hasta 170 gatos", cuenta el electricista. En su mayoría, gatos callejeros y abandonados, otros se los fueron ofreciendo familias que no podían permitirse seguir cuidando de ellos, dada la terrible situación en que se encontraban.

La difusión de su buena labor y las donaciones que recibe hicieron posible el primer centro de acogida para gatos abandonados dentro de la zona de guerra, el Refugio de Ernesto. Junto a él, este amante de los animales abrió una zona de juego infantil para que niños y niñas pudiesen disfrutar jugando con los gatos y cuidando de ellos, "todo ello como forma de promover y enseñar esos valores de amor y compasión, incluso en mitad de la guerra".

La historia de Mohammad Alaa está vinculada a la historia de Alessandra Abidin, a pesar de que los más de 3.000 kilómetros que los separan. Desde Italia, ella administra el grupo de Facebook Il gataro D'Aleppo (el hombre de los gatos de Alepo, en español), al que todas las personas que quieren aportar su granito de arena pueden unirse. Esta ayuda no sólo va dirigida a los animales, las donaciones van también destinadas a otras acciones: "Apoyo a niños huérfanos y a personas discapacitadas, suministro de agua potable, financiación de escuelas y compra de vehículos para desplazar a los heridos", enumera Alaa.

"Al principio, la gente aquí en Alepo no mostró mucho interés en el refugio, pero al ver todo lo que hacíamos a través de las ayudas financieras que recibimos, cambiaron de actitud. Ahora incluso reconocen lo mucho que estos pobres gatos han aportado a toda la población", relata el hombre de los gatos quien, a pesar de las dificultades y de las durísimas condiciones en las que vive, procura publicar diariamente imágenes de los gatos en el grupo de Facebook.

"Yo me siento muy satisfecho con lo que estoy haciendo. Me hace dormir con la conciencia tranquila cada noche", asegura en el intercambio de mensajes. Y sentencia, como un augurio: "El amor y la paz siempre prevalecerán".

Su labor no ha quedado sin reconocimiento en el exterior. La ciudad italiana de Segrate, cercana a Milán, apoya oficialmente la candidatura de Mohammad Alaa al Premio Nobel de la Paz. En la página de Facebook Nobel Peace Prize to Alaa cuentan la historia de este particular héroe, y reclaman un reconocimiento para este civil que, en medio de la atrocidad, no ha perdido ni un ápice de humanidad y amor por el resto de seres vivos.

La realidad de Siria ha llevado a muchas personas a preocuparse por los animales. En Damasco, la Asociación Siria para el Rescate de Animales (SARA, por sus siglas en inglés) dedica sus esfuerzos a rescatar y ofrecer refugio a los animales abandonados de la capital.

Apenas una decena de miembros forma el equipo, tras la huida por la guerra de algunos de sus integrantes. "Los animales de Siria sufren, día tras día, la falta de un hogar bajo la amenaza de la guerra. Hay muchos animales desamparados en las calles, tienen hambre, sufren torturas y viven, como nosotros, los riesgos de la guerra. Sería mucho peor si les dejamos solos en estas duras circunstancias", cuenta Julie Jaghnoon, uno de los miembros activos de SARA a FCINCO.

De entre los miembros, la mayor rescatadora es Sara Orfali, la fundadora de esta asociación. El nombre de la asociación se debe, en parte, al suyo. "Ayuda a los animales desde que era una niña. Ahora, a sus 45 años, rescata dos o tres animales al día y los mete en su propia casa, o los lleva a granjas para perros que hay en Damasco y paga los costes mensuales de cada perro", explica Jaghnoon.

Sobre todo muy activos en la región de Jarama (Damasco), no sólo rescatan a los animales. Los cuidan, tratan a los que están enfermos, incluso realizan cirugías cuando son necesarias y, cuando se recuperan, se ocupan de encontrar buenas familias adoptivas para ellos. Además, organizan campañas de alimentación para dar de comer a los animales hambrientos de la calle.

Este último trabajo es el más complicado, nos cuentan, por la dificultad de encontrar familias que quieran adoptar animales callejeros, especialmente perros. Y la explicación no tiene nada que ver con la guerra. "La mayoría prefiere comprar un animal de raza que adoptar a un animal de la calle", cuenta.

Su ambición es conseguir establecer un centro de acogida, pero no consiguen los fondos suficientes con las escasas donaciones individuales que reciben. "Las granjas de perros son sitios que no están cualificados para garantizar una vida confortable para los animales, pero no tenemos otra elección, esas granjas son mejores que una vida en la calle", concluye.