Messi fulmina el sueño

BARCELONA: Cillessen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Sergio Busquets, Rafinha (Min. 80, Rakitic), Iniesta (Min. 89, Arda); Messi, Suárez y Neymar (Min. 87, Denis Suárez).

ATHLETIC: Iraizoz; Bóveda, Etxeita (Min. 29, Elustondo), Laporte, Balenziaga; Beñat, San José, Williams, Eraso, Saborit (Min. 79, Susaeta); y Sabin Merino (Min 46, Aduriz).

Goles: 1-0: Luis Suárez; Min. 35. 2-0: Neymar; Min. 48, de penalti. 2-1: Saborit; Min. 51. 3-1: Messi; Min. 79.

Árbitro: Gil Manzano (Comité extremeño). Mostró tarjeta amarilla a Etxeita (Min. 28), Umtiti (Min. 30), Laporte (Min. 40), Elustondo (Min. 73), Beñat (Min. 76) y Williams (Min. 90).

Incidencias: Partido de vuelta de los octavos de final de la Copa disputado en el Camp Nou ante 71.455 espectadores.

Un gol determinó que el Athletic se despidiese de la Copa. Un margen mínimo le apea del torneo por enésima vez ante un Barcelona que tuvo que emplearse a fondo y se agarró al ilimitado talento de Messi para establecer la diferencia. Poco o nada cabe reprochar a los hombres de Ernesto Valverde, generosos en el esfuerzo y valientes mientras tuvieron combustible. El marcador global (4-3) ahorra mayores disquisiciones sobre los méritos contraídos por un equipo que anoche se presentó con una fisonomía de circunstancias y se atuvo con aplicación a las consignas de su técnico. Se trataba de defender la ventaja conquistada en San Mamés y forzar la suerte a base de sacrificio y disciplina, pero es innegable que el Camp Nou se le hizo demasiado grande.

Estuvo entero, aguantó firme y hasta se las arregló para meter el miedo en el cuerpo de su oponente, pero la media hora final se le hizo eterna. En ese tramo el Barcelona le apretó las clavijas y se impuso con todo merecimiento. No dio para más la brega de un Athletic digno al que el destino castigó con un emparejamiento que objetivamente hay que catalogar de inabordable. No obstante, su consuelo se fundamenta en el hecho, asimismo objetivo, de que hasta el último minuto estuvo a un solo gol de dar la campanada. Cabe incluso fantasear con qué hubiese sucedido de no concurrir tantas bajas en sus filas porque si algo logró en el cómputo de los dos partidos fue incomodar al favorito hasta extremos insospechados. Le zarandeó en Bilbao y anoche le plantó cara con fe, no le permitió en ningún instante sentirse seguro, a ratos le generó dudas importantes y, en síntesis, le exigió como pocos equipos están capacitados para hacerlo.

El enorme esfuerzo invertido no fue suficiente, pero consolida el crédito de un Athletic que fue de frente, hizo caso omiso a las maniobras extradeportivas de su oponente y buscó la sorpresa sin reparar en sus limitaciones, convencido de que había un resquicio por el que colarse a cuartos, con ausencias, expulsiones, lesiones (ayer cayó Etxeita), contratiempos paliados sobre la marcha con soluciones que Valverde gestionó con toda la naturalidad posible. No debe olvidarse que por si acaso Luis Enrique alineó a su formación de gala en ambos encuentros, consciente de que ese resquicio por el que el Athletic pretendía colarse en cuartos de final existía realmente. No se fiaba el asturiano e hizo bien.

Prueba de ello es que la única jugada que logró ligar en ataque durante toda la primera mitad le valió al Barcelona el gol que volteaba la ronda. Esta vez no resolvió la zurda de Messi, pese a que dispuso de dos golpes francos de su gusto, pero el argentino tuvo incidencia en la acción que inauguró el marcador ganando una disputa rodeado de rivales para servir sobre la carrera de Neymar, cuyo centro pasado empalmó con su saña habitual Luis Suárez. Esa esporádica conexión de la vanguardia azulgrana pareció invalidar el plan con que el Athletic llegó al Camp Nou, sin embargo la realidad es que neutralizó eficazmente las intenciones de su rival.

Entraba en todas las previsiones que el Athletic insistiese en presionar a su rival muy arriba. Ha interiorizado que es la mejor forma de ahogar a un conjunto que se siente realizado manejando el balón a ras de césped desde su propio área. Volvió a demostrarse que le cunde, que provoca errores y ansiedad en unos futbolistas habituados a acaparar la posesión en terreno enemigo. Por supuesto conlleva sus riesgos, requiere importante coordinación y constancia, además de que obliga a que la defensa tire la línea lejos del portero, pero solo así se mantienen las líneas juntas y se reducen los espacios. Durante más de media hora, casi se jugó más en campo del conjunto azulgrana, que poco a poco fue perdiendo la paciencia y buscó romper la tela de araña rojiblanca con envíos largos que dieron mucho trabajo al juez de línea. Hasta en siete ocasiones frustró el banderín las arrancadas locales, una por cierto de modo erróneo, que evitó que Suárez se estrenase con anterioridad.

UN REMATE, UN GOL La idea que desarrolló el Athletic se reveló acertada, así lo dice el balance rematador de su oponente. El problema estriba en que resulta muy complicado frenar al Barça siempre, máxime si ejerce de anfitrión, y esto explica que recibiese un gol, algo que en absoluto obedeció a que el Barça fuese superior. Lo cierto es que 1-0 no alteraba en exceso el asunto, en cuanto a que estaba asumida la obligatoriedad de marcar a fin de mantener vivas las probabilidades de clasificación. El objetivo se tornó en urgencia nada más iniciado el segundo acto, cuando Neymar provocó un penalti que él mismo transformó. Así lo interpretó el equipo que por fin elaboró una jugada profunda, culminada con un cabezazo picado de Saborit a centro templado por Elustondo. El hipersensibilizado Camp Nou enmudeció entonces ante el pleno de eficacia del Athletic, pero ahí se acabó la historia.

Con la prórroga en el horizonte y los contendientes a un gol del éxito, se asistió a un aplastante dominio del Barça. Iniesta tomó el mando, las llegadas y los remates se sucedieron con el Athletic acogotado en torno a Iraizoz. Solo los intentos defectuosos, como un goteo, de Alba, Neymar o Suárez, concedieron algo de oxígeno a un conjunto ya muy cansado, con Aduriz dentro, que se exponía abiertamente a recibir la puntilla. Para variar, el honor de desequilibrar el emparejamiento recayó en Messi, que a la tercera que tuvo a balón parado halló la red. Restaba un cuarto de hora escaso donde el amor propio se estrelló en última instancia con un árbitro que quiso contentar a la grada obviando un córner y una falta en la frontal, los coletazos de un Athletic que murió de pie en su empeño por saltarse el pronóstico de unos octavos de final demasiado exigentes.