Interior mantiene el despliegue y empiezan los primeros relevos en Cataluña

El Ministerio del Interior mantendrá el despliegue en Cataluña «todo el tiempo que sea necesario, hasta que la situación se normalice y estén garantizados los derechos y libertades de todos los ciudadanos», según las fuentes consultadas por ABC. La decisión implica, por una parte, un enorme esfuerzo por parte de los agentes de la Policía y la Guardia Civil, que llevan a muchos días fuera de sus casas, pero además tiene un coste económico muy importante que el Gobierno está dispuesto a asumir. La magnitud del despliegue -el mayor de la historia de la democracia y en el que están implicados más de 10.000 policías y guardias civiles-, y el tiempo que ha transcurrido (el grueso de los funcionarios llegaron el pasado día 20, pero algunos lo hicieron antes) hace que los responsables de Interior ya estén trabajando en los relevos correspondientes. Los agentes de Policía Judicial y del Servicio de Información (en el caso de la Policía) son los primeros que han comenzado a rotar, aunque no todos. «Aguantaremos» Ellos fueron los encargados de retirar las urnas de los colegios el día del referéndum ilegal, el 1 de octubre, protegidos por sus compañeros de Seguridad Ciudadana. Desde entonces, la mayoría de los agentes de grupos de investigación ha permanecido a la espera, a diferencia de sus compañeros a los que se les han asignado servicios diarios de seguridad y vigilancia de edificios e infraestructuras. Algunos miembros de las Unidades de Protección y Reaccción (UPR) ya han comenzado a replegarse a sus bases, aunque hubo también una fase intermedia en la que fueron trasladados a Zaragoza, por ejemplo, para la festividad del Pilar, celebrada este jueves. El problema se plantea, según las fuentes consultadas, con los agentes de las Unidades de Intervención Policial (UIP), los conocidos como antidisturbios, que constituyen el grueso del dispositivo de Policía. Hay desplegados 2.100 del total de los 2.700 que hay en toda España, de modo que las rotaciones, por fuerza, serán lentas o inexistentes. Algunos de los grupos policiales desplazados han pasado ya por tres hoteles distintos en localidades diferentes, sufriendo incluso el hostigamiento de vecinos y alcaldes, (también se han trasladado a comunidades distintas) en quince días y no por los «escraches» o por la nula querencia de algunos hoteles, sino también por la disponibilidad de plazas. «La moral está alta, no tenemos problema. Aguantaremos lo que sea necesario», aseguran los agentes de las UIP, que sufren las consecuencias de lo prolongado de la situación en su vida familiar. Cuestiones como ir al dentista, reuniones con profesores de sus hijos y, en definitiva, las gestiones diarias de la vida habitual están aparcadas de momento. Parece, en cualquier caso, que podría haber en breve relevos parciales, muy poco a poco en cualquier caso, por las especiales circunstancias.