Cataluña es una mujer

Cataluña es una mujer –aún hermosa pero entrada ya en esa edad en la que no puede pensar que todavía es joven– tratando de culpar a su marido de una insatisfacción que no tiene forma ni motivo pero que la hunde sin remedio en la amargura. Cataluña ha vivido tanto tiempo concentrada en el agravio de lo que se supone que España le debía que ya no sabe lo que le hace feliz y persigue fantasmas que no existen. Si fuera cierta la contabilidad nacionalista de los 300 años intentando independizarse, el gran enemigo de Cataluña no sería el Estado sino el catalanismo, porque somos responsables de nuestro destino y no podemos cargarle a nadie el higiénico deber de hallar la paz en el ojo del huracán. Si Cataluña ha sido siempre española es porque ha querido, si ha querido es porque le ha convenido y la ignorancia es no saber lo que nos hace felices. Todo se tambalea sin la indispensable tensión trascendente y Cataluña es una esposa inconsistente que va más al gimnasio que a misa y que al cabo de veinte años de convivencia familiar, amorosa y bienestante te dice de repente que se marcha porque quiere vivir enamorada. Qué fácil es quejarse de todo –como el independentismo hace– cuando nunca te ha faltado nada y tu vida es una crónica de la abundancia. Dices que España te roba y tu solución es que los bancos y las empresas huyan de Cataluña; algo así como la esposa que rabiosa por no haber tenido un segundo hijo atenta contra el único que tuvo rompiéndole la familia y la estructura para castigar a su marido. Lo que el independentismo está a punto de hacer saltar por los aires es mucho más importante, profundo y fecundo que lo que pueda proporcionarle el conflicto al que se asoma, que además no tiene solución y no por culpa del Gobierno sino porque no dispone de la mayoría que se necesita para el tipo de revolución que pretende, tal como las mujeres que creen que escapan de su esposo quieren inconscientemente escapar de ellas mismas con el problema irresuelto de no saber lo que les hace felices y el tremendo remordimiento que para siempre les perseguirá por lo que con tanta frivolidad han destruido.

opinión

Fuente: ABC