Los afectados por los incendios de Galicia coinciden: "Sin lluvia no se pararían"



No en vano, pese a las precipitaciones, hoy miércoles todavia sobrevuelan las montanas de la zona helicopteros de los equipos de extincion, para evitar que vuelva a brotar en fuego en unas laderas humeantes después de varios dias ardiendo sin parar.

El zumbido de los helicopteros es la unica nota discordante en la armonia que conforman los leves soplos del viento, unidos al correr de los arroyos y al tanir de los cencerros de las decenas de vacas que pasean por los caminos mientras sus pastores buscan nuevas zonas de pasto.

Frondosos bosques vestidos con los colores verdes, ocres y marrones del otono se han tornado ahora en eriales negro carbon por el efecto de unas llamas que han devorado a su paso hayas, castanos y robles centenarios, en una zona protegida y habitat de especies amenazadas, como el urogallo cantabrico -unico lugar en Galicia donde se encuentra- o el oso pardo.

Mientras tanto, los vecinos de las pequenas aldeas tratan de asimilar las consecuencias de la voragine de fuego que, durante horas, amenazo con arrasar sus viviendas y puso en peligro sus vidas.

Antonio Gonzalez, uno de los dos unicos habitantes de la aldea de Pando, ha tenido que ver como, a consecuencia del incendio, su casa ha quedado reducido a escombros, entre los que todavia brota un humo que envuelve lo que antes era su hogar.

Sin palabras para describir lo acontecido, recibe estos dias las visitas de los medios de comunicacion entre la conmocion por la pérdida y la incomprension de como puede haber sucedido algo asi.

"El que lo haya prendido, se ha quedado descansado", comenta por su parte Ascension Lopez, una vecina de otro nucleo poblacional en el que ha ardido una casa abandonada, simbolo del abandono de una region en la que cada vez queda menos gente y mas anciana.

En los margenes de las sinuosas carreteras que unen los distintos pueblos de Cervantes se acumulan piedras, ramas e incluso troncos, calcinados muchos de ellos, que dificultan el avance por unas carreteras ya de por si rugosas y estrechas.

Por ellas es facil cruzarse con paisanos que caminan para asistir a sus vecinos y para informarse del estado de cada uno de ellos.

Uno de estos es Ignacio Rodriguez, que, preguntado por el incendio y ante los restos de un tocon aun humeante, exclama: "Esto es una ruina. Ojala no vuelva nunca".

"Sin lluvia no se pararian, si no viene la lluvia, esto no logran pararlo", anade, y da testimonio de un fuego "descontrolado", que recorria largas distancias por el aire a velocidades impensables y que, en cuestion de minutos, puso en riesgo a gran parte del municipio.

Los brigadas que participaron en los servicios de extincion también hablan de un incendio con una virulencia inusitada, al cual unicamente se pudo frenar con la colaboracion de la lluvia y con la inestimable ayuda de los medios aéreos, que pudieron llegar a donde los terrestres no.

Hasta donde alcanza la vista llegan los restos de los incendios, que se perciben también en el aire, dado el caracteristico olor a ceniza que esta semana ha inundado practicamente toda Galicia.

Para la esperanza de los locales queda ver como las corrientes fluviales permanecen todavia claras y limpias pese a la amenaza de contaminacion que se cierne sobre ellas, que -apuntan muchos de ellos- precisa de la intervencion de las autoridades para evitarlas.

El alcalde de Cervantes, Benigno Gomez, ya adelanta que pediran la consideracion de "zona catastrofica" para que se habiliten todas las ayudas posibles para su ayuntamiento y se muestra afligido por lo acontecido.

En este enclave de la montana lucense, limitrofe ya con Asturias y Castilla y Leon, los incendios han danado un paraje de un altisimo valor natural, pero, pese a todo, sus habitantes reiteran su voluntad de seguir adelante y pasar pagina cuanto antes de una tragedia que, afortunadamente, no ha segado vidas humanas en la zona, como si ha ocurrido en las provincias de Pontevedra y Ourense.