¿Por qué el juez acepta como prueba una foto de Instagram de la víctima y no los WhatsApp de 'La Manada'?

El juicio a 'La Manada' celebrado en la Sección Segunda de la Audiencia de Navarra por la supuesta violación por parte de los cincos acusados a una joven en los sanfermines de 2016, que afronta su semana crucial, ha sembrado la duda de cuándo publicaciones en redes sociales pueden ser admitidas como pruebas judiciales.

Los jueces de este caso han admitido como prueba el espionaje en las redes sociales de la víctima y han rechazado los mensajes de WhatsApp donde los acusados adelantaban sus intenciones al viajar a Pamplona.

Concretamente, el tribunal que juzga los hechos ha aceptado una como prueba de la defensa una fotografía que colgó la víctima en su cuenta de Instagram hace pocos meses, mostrando una camiseta vestida por otra persona en la que se puede leer: "Hagas lo que hagas, quítate las bragas". Se trata de una frase que hizo popular Karime, una participante del 'reality' televisivo Super Shore.

Esta prueba, con la que los acusados quería ofrecer una imagen muy sexual de la denunciante, se ha sumado al informe de detectives privados sobre la vida íntima de la joven madrileña en las semanas siguientes a producirse la presunta violación.

La admisión de estas pruebas ha chocado más si cabe a la opinión pública al producirse simulatáneamente a la oposición del tribunal a aceptar como pruebas los explícitos mensajes de WhatsApp que los integrantes de 'La Manada' intercambiaron con amigos suyo antipando sus planes sexuales para los sanfermines y las supuestas drogras que iban a emplear en ellos.

¿Por qué el juez dijo sí a la prueba de Instagram y no a la de WhatsApp? El perito informático Javier Rubio, que hace dos años demostró que los mensajes de WhatsApp se pueden manipular sin dejar rastro, explica las diferencias técnicas existentes entre una fotografía subida a Instagram y unos mensajes de WhatsApp, motivando el porqué de las decisiones de la Justicia al haber admitido la fotografía, lo que aparentemente perjudica a la víctima; y haber rechazado los mensajes, lo que aparentemente beneficia a los acusados.

Según el perito informático, "al margen de la polémica generada e independientemente de la inmensa gravedad de los delitos juzgados y del valor final que el Tribunal otorgue a las pruebas", se puede concluir que "una foto subida a Instagram, por la propia víctima o por alguien de su entorno, tiene unas posibilidades de manipulación muy remotas", mientras que unos mensajes de WhatsApp "constituyen una prueba mucho más sensible y presentan posibilidades de manipulación muy elevadas".

Así pues, el perito informático incide en que "la fotografía no ha podido ser manipulada con anterioridad a su subida a Instagram, ya que fue publicada por la víctima o por alguien de su entorno", ni tampoco puede ser manipulada a posteriori, "porque para eso habría que hackear los servidores de una compañía como Instagram".

Sin embargo, "a diferencia de Instagram, WhatsApp no almacena copias de los mensajes intercambiados", motivo por el cual "sólo se dispone de las copias almacenadas en los terminales". Por tanto, según Rubio, desde un punto de vista estrictamente técnico, sin entrar en el fondo de las pruebas, "la fotografía tiene un peso mucho más elevado que los mensajes".