Kubala y la vergüenza

El 17 de mayo de 2002, Louis Van Gaal estaba en las entrañas del Camp Nou dando su rueda de prensa de presentación de regreso al Barça. A mitad del acto, Ricard Maxenchs anunció que acababa de fallecer Laszi Kubala, el mejor jugador de la historia del Barça hasta ese momento. Ya en los días siguientes, tras en el entierro en el cementerio de Les Corts (¿dónde, si no?) se habló de la necesidad que la ciudad le dedicase una calle a su nombre. Se recordó, entonces, que hacía falta esperar cinco años desde la muerte de una persona para que la ciudad de Barcelona le pusiera el nombre a una calle.

No han pasado cinco, han pasado quince, desde que la noticia nos consternó esa mañana de viernes, y ningún alcalde ha sido capaz de tirar el proyecto adelante. Una vergüenza transversal que va de Joan Clos a Ada Colau, pasando por Jordi Hereu y Xavier Trias. En el mejor de los casos, se dijo de darle el nombre a unos jardines (es decir a un tobogán y un columpio) en la Travesera, cerca del Camp Nou. No, gracias. Incluso el año pasado se reunieron de nuevo l’Agrupació Barça Veterans con el ayuntamiento para adelantar en el tema y, todo lo que se sacó, fue la posibilidad de darle el nombre de Kubala a una callejuela interior, privada, de la actual finca donde antiguamente estaba el camp de Les Corts, el estadio que Laszi Kubala y la generación de “las 5 copas” dejaron pequeño, por espectáculo, títulos y eficacia.

En estos años perdidos, en más de una ocasión pareció que la Avenida Joan XXIII, el paseo que arrastra a los culés desde el renovado Hotel Sofía al Camp Nou, era el bulevard ideal para llevar el nombre de Kubala. A pesar de los miles de firmas que se recogieron, también pareció descartarse esa idea.

El olvido de la ciudad de Barcelona a una de las personas que más hizo por su buen nombre internacional en los años oscuro del franquismo es una falta de respeto a Kubala y al deporte. Si desde hace 60 años que tenemos el Camp Nou es, dicho mal y pronto y de forma sesgada, porqué un día Kubala llegó al Barça y provocó una revolución social y futbolística. Hasta entonces nadie había visto esos chuts con efecto ni esa peculiar forma de proteger el balón.

En doce temporadas en el Barça ganó trece títulos. Fue jugador del Barça y el Espanyol. Entrenó a ambos clubes, fue seleccionador español y jugó con la selección catalana. Tuvo una vida de película, llevada a la pantalla en “Los ases buscan la paz” y otro culé universal, como Joan Manuel Serrat le dedicó una canción, le inmortalizó en otra junto a Basora, César, Moreno y Manchón, y lleva su retrato en la cartera.

En el año del centenario del Barça, a través del “Aquest any, Cent!”, Kubala recibió el premio al mejor jugador de la historia por votación popular con mucha ventaja. Messi, por entonces, tenía 12 años y todavía vivía en Rosario. Ahora, a través del Consulado de Hungría, y con el apoyo del Barça, se intenta que el ayuntamiento subsane este error histórico. Veremos si ellos tienen más suerte. Sería un acto de justicia y de memoria.