No pidas perdón por golear, Paco

Toda la animadversión y menosprecio – y casi diría que odio - que sufrió Paco Alcácer nada más pisar el Camp Nou se derrumbaron el pasado sábado cuando, tras salvar los tres puntos ante el Sevilla con su segundo gol, dejó su puesto a Deulofeu y salió ovacionado del Camp Nou. Merecidamente, por supuesto.

El entorno, ese famoso entorno periodístico que tanto perjudica al Barça y que contamina a socios y aficionados, decidió dinamitar su fichaje como lo intentó más recientemente con Paulinho. Hemerotecas y radio/videotecas son testigos de semejante trato injusto. Téngase en cuenta que para conseguir sus propósitos de lograr el fracaso del Barça necesitan que los (malos) resultados les ayuden. Pero con Alcácer les ha salido el tiro por la culata porque ha demostrado que puede triunfar. En pos de ese objetivo aporta trabajo y espíritu de superación constantes, mientras otros optan por el ‘dolce far niente’. Todo un ejemplo.

A Alcácer se le negó incluso el beneficio de la duda. Jugando en su primera temporada de higos a brevas y sin ritmo de la competición, trabajó a destajó en los pocos minutos de que dispuso e hizo goles, con especial mención para el que supuso la tranquilidad (3-1) en la última final de Copa, lo que le otorgó el honor de ser el jugador en marcar el último gol en partido oficial en el Vicente Calderón.

Y ahora, en plena sequía goleadora de Luis Suárez, Alcácer le ha tomado el relevo para decidir un encuentro crucial para el título de Liga, en una jornada en la que todos los perseguidores del Barça también ganaron. Y aquellas críticas injustas por sistemáticas se trasformaron en una ovación que debió sacar los colores a los que han esperado partido tras partido que falle un balón para silbarle. Alcácer es ahora mismo la imagen del fracaso de la carcundia que rebuzna cada vez que tiene oportunidad de impedir el progreso deportivo del Barça. Remedando una frase de Valverde, un consejo: no pidas nunca perdón por marcar goles, Paco.