«Nuestro objetivo de región no es tener al próximo Elon Musk, sino crear nuestros propios ecosistemas empresariales»

Javier García y Enrique González son dos economistas, socios del Instituto CIES y 'padres' de 'La Burbuja Emprendedora', un libro de la editorial Empresa Activa que «trata de separar el grano de la paja» sobre el emprendimiento, a través de «ejemplos reales combinando fundamentos financieros y empresariales necesarios en todo proceso de creación de empresas», que el lunes salía al mercado. García (Avilés, 1977) es fundador de varias empresas, además de editor del blog de negocios sintetia.com y consejero de Alantis Capital, una empresa que nació en Gijón, y que se dedica a invertir en compañías jóvenes.

-Véndame su libro. ¿Qué tiene de particular respecta a otros libros de emprendimientoque ya hay en el mercano?

-Lo dice bien Martín Varsavksy -uno de los empresarios tecnológicos más respetados en España, con fama mundial- en el prólogo: 'La Burbuja Emprendedora' es un buen recopilatorio de todas esas cosas que necesitas y no sabes, que intuyes pero que no te acaban de decir con claridad. No necesita tecnicismos para hacerte pensar porque usa lógicas tan profundas que te conduce en un hilo de sentido común por los distintos caminos de este apasionante viaje que supone emprender. No te dejará indiferente, da igual que hayas creado una empresa o quieras hacerlo, da igual que inviertas en startups o pretendas hacerlo, da igual que sepas de finanzas, de derecho o de física. Y no lo hará porque crear empresas desde cero y hacerlas crecer hasta el estrellato, y de eso tengo algo que opinar —he creado cinco unicornios, y no burros con un cucurucho en la cabeza—, es algo complejo, requiere tener mucha predisposición a buscar los matices, valorar la complejidad, analizar el riesgo y saber nadar en la incertidumbre. No es un camino en línea recta, es algo donde puedes ganar mucho, pero también perder mucho.

Lo dice bien Martín Varsavksy —uno de los empresarios tecnológicos más respetados en España, con fama mundial— en el prólogo «La Burbuja Emprendedora es un buen recopilatorio de todas esas cosas que necesitas y no sabes, que intuyes pero que no te acaban de decir con claridad. No necesita tecnicismos para hacerte pensar porque usa lógicas tan profundas que te conduce en un hilo de sentido común por los distintos caminos de este apasionante viaje que supone emprender. La burbuja emprendedora no te dejará indiferente, da igual que hayas creado una empresa o quieras hacerlo, da igual que inviertas en startups o pretendas hacerlo, da igual que sepas de finanzas, de derecho o de física. Y no lo hará, dejarte indiferente, porque crear empresas desde cero y hacerlas crecer hasta el estrellato, y de eso tengo algo que opinar —he creado cinco unicornios, y no burros con un cucurucho en la cabeza—, es algo complejo, requiere tener mucha predisposición a buscar los matices, valorar la complejidad, analizar el riesgo y saber nadar en la incertidumbre. No es un camino en línea recta, es algo donde puedes ganar mucho, pero también perder mucho. Nos llenamos de sesgos, como cuando vemos a nuestros hijos siempre guapos y pluscuamperfectos. Tener identificadas estas ideas, estos razonamientos y hacerlo de forma tan clara, con ejemplos y casos reales, es algo que pocas veces ocurre. Pero en este libro, si.»

- Se plantea el término ‘burbuja emprendedora’ en sentido negativo o positivo. O una mezcla de ambos.

-Utilizamos el término burbuja en el sentido de expectativas irracionales. Hemos idealizado qué significa emprender. Hemos comprado demasiadas historias edulcoradas y narrativas de éxito. Pero emprender requiere de capacidades, trabajo duro, experiencia, equipos, contactos, formación y mucha dosis de suerte. Y en la euforia los subestimamos. Emprender es tan complejo que tener un buen producto no es suficiente. La tecnología no es un fin en sí misma, si no resuelve una necesidad concreta por la que alguien llamado cliente pague por lo ella. Crear un negocio no es algo predecible, fácil ni barato; al contrario, hay que navegar en la incertidumbre, en las dificultades y suele ser más caro de lo que pensamos, en términos personales y económicos. Usamos el término burbuja porque en momentos de euforia parece que lo duro, lo difícil, lo que requiere esfuerzo y sacrificio se subestima. Y cuando te enfrentas a la realidad, tus expectativas —y tu patrimonio— se resienten.

-En una entrevista en el suplemento XLSemanal a profesores y estudiantes en el MIT, un español decía que allí los estudiantes tenían claro que su primer trabajo era crear una startup, ¿qué pasa aquí?

-Precisamente uno de los mayores peligros de que explote esta burbuja emprendedora es que nos retiremos en masa de algo tan importante como crear empresas -en momentos de euforia o pánico- siempre actuamos igual, en masa, y solemos inflar o desinflar muy rápido un fenómeno, a veces de forma peligrosa. La salud de una economía se mide según el oxígeno y la calidad de sus empresas. Necesitamos más empresas y mejores. Empresas que crezcan, que busquen soluciones a problemas reales, creen riqueza, empleo y piensen en global. Tener en vena cultura emprendedora hace fuerte a un país, y más resistente ante los problemas económicos. En el MIT trabajan en soluciones a problemas y necesidades humanas, en futuro, en tecnología avanzada. Es un microcosmos mundial de talento que construye el futuro tecnológico. Y el paso «natural» de quien toca esa realidad es llevarla al mercado lo antes posible. Aquí sería deseable también, pero es francamente difíciles. No veo a las empresas, como en el MIT aportando dinero -mucho dinero- a la universidad ni involucrándose en proyectos de innovación con el mejor talento internacional. Pero está bien trabajar en esa dirección. Lo que no está bien es sustituir los recursos y el talento con mensajes poco realistas a los jóvenes. No les podemos decir: lo importante es la idea, el dinero llegará a tus bolsillos con gran facilidad, no importa tu formación, tu experiencia y tu capacidad para crear equipos, vete al notario ya, hazte autónomo y todo lo demás vendrá solo. Una empresa es más que la suma de sus partes, es un puzzle complejo. No se puede emprender sin conocer las piezas de ese puzzle, los fundamentos, y luego puede que lo logremos o no, pero desde luego no nos tiremos a la piscina sin agua.

-¿Es la cultura de la startup algo así como la ‘cultura del pelotazo’?

-No debería ser así. De hecho, una startup -en su definición más estricta- es, en realidad, un experimento. Una idea de negocio por testear. Algo que no sabes si va a funcionar o no. Es puro futuro, incertidumbre. Un lugar donde el dinero hay que usarlo a cuenta gotas, con mucha inteligencia, donde toca sufrir, trabajar y asumir que es difícil ver resultados de forma inmediata. Pero hay quien se ha creído, en cambio, que una startup y un buen discurso (con muchos anglicismos) es una vía para vivir de los inversores, de los familiares o de fondos públicos. Esa cultura burbujeante no lleva a caminos rentables, ni a la creación de riqueza. Es efímera y peligrosa. Y la denunciamos en el libro.

-¿Y algo así cómo el boxeo? Montones de gente animando, mucho dinero moviéndose, pero sobre el ring alguien recibiendo golpes para delirio del público.

-Por desgracia es así. Muchos emprendedores se prestan a ello, también, porque es un modus vivendi en el país del paro y de escasas oportunidades laborales. Por eso «compramos» narrativas de éxito, porque son fáciles de digerir. Pero nadie debería salir a boxear sin un serio entrenamiento, disciplina o sin conocer bien las reglas del juego, por mucho público que exista impaciente por ver buenas peleas.

-¿Ha calado en nuestros jóvenes la cultura emprendedora?

-Sí, ha sido la asignatura en la que más hemos avanzado en las últimas décadas en Asturias, y esto es digno de felicitarnos como sociedad. Necesitamos más de este espíritu, pero sobre todo y ante todo que se canalice en empresas con capacidad para crecer y ser sostenibles. La cultura emprendedora la crean las personas que no sólo fundan empresas, sino las que pueden trabajar en cualquier entorno. Les define su proactividad, su capacidad de aprender, trabajar en equipo y, sobre todo, mantenerse eternamente frescos, no se acomodan en lo fácil y siempre quieren más.

-¿Lo favorece nuestro sistema educativo? ¿Cómo habría que cambiar el enfoque entre los chavales?

-Se ha trabajado mucho por introducir la cultura emprendedora en las aulas, pero quizás el problema ha radicado en que lo quisimos hacer «a calzador». Cambiar una cultura es algo tremendamente complejo y lo primero que tenemos que convencernos es que necesitamos que nuestros jóvenes piensen que se puede crear empresa, que se puede progresar, como personas y como profesionales, en las empresas y que con eso contribuimos al progreso social y económico de nuestra comunidad. Pero que para lograrlo y ser diferencial, como en cualquier otra actividad humana, hay que trabajar duro. Tenemos que lograr que nuestros hijos quieran cambiar el mundo, no se den por vencidos, tengan modelos sociales en los que reflejarse que vayan más del famoseo, el postureo o vivir del cuento. A cambio, tenemos que darles un sistema que prime el mérito y la capacidad, no la mediocridad. Los incentivos para crear progreso, empresa y dinamismo se cocinan a fuego lento, pero no nacen solos en los árboles. No podemos crear un Silicon Valley por decreto, pero podemos crear una sociedad que prime el mérito, el esfuerzo, se fomente la innovación y se aúpe al talento. Ingenieros jóvenes haciendo de cajeros en el supermercado es un sistema mortal para las expectativas de los jóvenes.

-Se empieza a decir a nuestros jóvenes que no se preocupen por el fracaso, ¿se creen este mensaje los inversores? ¿Realmente hay que emprender sin miedo a fracasar o un poco de respeto al posible tortazo nunca viene mal?

-Esto son modas y a veces son terribles. Lo denunciamos en el libro. Ahora resuelta que fracasar es algo genial, un peaje por el que hay que pasar, que te hará más fuerte y que te dará más probabilidad de éxito para el futuro. Y eso es rotundamente falso. En la UVI empresarial he visto muchos emprendedores ante el fracaso que perdieron su patrimonio y el de su familia. Emprendedores que después de cerrar la persiana las deudas les persiguen y nunca pondrán tener a su nombre ni una tarjeta de crédito. Fracasar forma parte de un proceso de prueba y error, sin el cual no hay aprendizaje. Pero no todas las formas de fracasar son iguales. Hay que saber dónde nos metemos para tratar de evitar riesgos mayores. Nadie está libre de fracasar, pero hay ciertos errores que nunca cometeríamos si hubiéramos tenido en cuenta ciertas lógicas antes de tomar decisiones. Cuidado con el fracaso, lo carga el diablo.

-¿Qué casos hay en Asturias de emprendedores de nuevo cuño de éxito? ¿Tenemos a algún Elon Musk o a algún Mark Zuckenberg entre nosotros? 

-Que un asturiano logre jugar en la NBA no quiere decir que podamos tener la NBA en Asturias. Hay que ser sensatos, los grandes talentos empresariales no son capaces de desarrollarse sin un entramado y un ecosistema muy sólido que les ayude, de empresas, de talento a quien contratar, de inversores, de universidades, de conexión con grandes mercados. Hay asturianos que están en compañías muy potentes, que han tenido y tienen un recorrido empresarial formidable. Muchos acaban emigrando porque no es fácil desarrollar este tipo de empresas ni siquiera desde España. Yo no tengo claro que nuestro objetivo de región sea tener al próximo Elon Musk aquí, porque es algo francamente difícil, como te decía. Pero sí creo que podemos trabajar de forma incansable para crear nuestros propios ecosistemas, con empresas grandes, medias y pequeñas, equipos de la universidad, centros tecnológicos y todos muy orientados a soluciones y mercados lo más global posibles. Siempre pongo el ejemplo de la Milla del Conocimiento: poco a poco se ha convertido en un balón de oxígeno de talento, innovación y empresas que compiten en mercados complejos. Lo mismo está pasando en Llanera, con un trabajo fantástico del CEEI. Pero queda trabajo por hacer, romper nuestras fronteras internas, meter meritocracia y financiación privada en la universidad; incentivar que las inversiones industriales de grandes empresas en aquellas más pequeñas (para abrirles mercados y posibilidades, a cambio de tecnología y buenos equipos). El futuro de Asturias sólo será futuro si además de la natalidad de la población tenemos una sana natalidad de empresas.

Javier García, 'padre' junto a Enrique González, del libro 'La Burbuja Emprendedora' asegura que «hemos idealizado qué significa emprender y hemos comprado demasiadas historias edulcoradas y narrativas de éxito»

«El futuro de Asturias sólo será futuro si además de la natalidad de la población tenemos una sana natalidad de empresas»

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