La federación española acude a Hierro

La Federación Española de Fútbol negocia los últimos detalles de la contratación de Fernando Hierro como máximo responsable del área deportiva. El nombramiento, pendiente de la firma, supone un intento de restituir el equilibrio social y deportivo en un organismo asediado por los conflictos. La inhabilitación en julio del presidente Ángel María Villar, la operación Soule dirigida desde la Audiencia Nacional para desmontar una presunta trama de corrupción en los mandos federativos, la crisis política desatada en Cataluña, y la destitución de la directora de la selección, María José Claramunt, hace un par de semanas, han dejado al equipo expuesto a vaivenes que trascienden el ámbito deportivo. El fichaje de Hierro también pretende servir de parachoques.

De las grandes selecciones que acudirán al Mundial de Rusia en 2018, ninguna se ha visto sujeta a mayor tensión en el último año. Destaca en el contexto de incertidumbre la figura enérgica de Esther Gascón. La secretaria general encarna uno de los únicos cargos ejecutivos de la era Villar que no está investigado por el juez Santiago Pedraz. Ella es la artífice principal del intento de fichar a Hierro. La respalda el presidente interino, Juan Luis Larrea, y el inhabilitado Villar, que sigue influyendo y que está convencido de que Hierro constituye el candidato de consenso por excelencia.

La trayectoria de Hierro, de 49 años, está avalada por resultados espectaculares. Ningún director deportivo puede presumir del palmarés que cosechó en la federación española entre 2007 y 2011. La vitrina es elocuente: una Copa del Mundo, una Eurocopa, un Mundial Sub-21 y una Eurocopa Sub-19 acreditan su valor como con unas competencias que esta vez espera acrecentar.

La contratación de Hierro está pendiente de que la federación acceda a sus exigencias. No son pocas. El técnico reclama poder ejecutivo en todos los ámbitos deportivos de la federación, en todas las categorías desde la base a la selección absoluta, y un contrato que se lo garantice. Considera que no puede firmar por un plazo menor de cinco años, para proyectar su trabajo hasta el Mundial de Qatar, en 2022. Entiende que así no lo condicionarán los resultados que puedan producirse en el Mundial de Rusia, de cuya preparación no ha sido responsable.

Hierro regresa con la experiencia de su anterior mandato, cuando ejerció de coordinador entre la directiva y los técnicos y jugadores de todas las categorías. Sabe lo que quiere y lo que no quiere. En 2011 renunció a renovar su contrato y se marchó al completar su cuarta temporada. Entonces Villar no consiguió convencerlo de que cambiara de opinión. Según fuentes del entorno federativo, Villar tampoco se decidió a darle todo el poder que reclamaba. Hierro pedía que sus iniciativas tuvieran cumplimiento inmediato en una organización anquilosada por el gigantismo y unos mecanismos propios de la Administración Pública. La junta directiva y las diversas comisiones, esenciales en la actual estructura, pusieron obstáculos a su capacidad de maniobra. Villar no le pudo prometer que cambiaría estos cauces. Ahora Hierro ha vuelto a insistir. La formalización del contrato depende de que Larrea y Gascón accedan por escrito.

Apoyo de los capitanes

La posición negociadora de Hierro nunca fue tan favorable. Gascón y Larrea actúan desde la fragilidad de una institución que necesita un puntal para no resquebrajarse. La posibilidad de una moción de censura contra Villar, dentro de dos semanas, aumenta la incertidumbre de los empleados, pendientes de cambios inminentes cada día. Hierro, en este plano, goza de otra ventaja. Todos los candidatos a suceder a Villar se han puesto en contacto con él para ofrecerle ser director deportivo. Es el caso de Luis Rubiales y Jorge Pérez. Los dirigentes coinciden en que se trata del hombre adecuado. Los futbolistas también. Consultados por la conveniencia del nombramiento, los capitanes de la selección le apoyaron. Sergio Ramos, Andrés Iniesta, David Silva, Gerard Piqué y Sergio Busquets conservan un buen recuerdo de su relación profesional con Hierro.

"Si viene Fernando sabe realmente lo que necesita el futbolista", dijo Sergio Ramos en la SER, "y sabe hablar con los de arriba. Hierro hubiera sido un fichaje estrella para el Real Madrid... pero me hacen poco caso ¡Ni en casa me hacen caso!".

El puesto del director deportivo ha estado vacante en la federación desde que Hierro se negó a seguir ocupándolo. A Villar no se le ocurrió mejor sustituto. Incluso llegó a considerar al malagueño como su sucesor en la presidencia. Su marcha, según confesó el propio Villar, fue uno de los golpes más duros que recibió durante sus 30 años como máximo mandatario del fútbol español. El vacío que dejó el técnico, sin embargo, fue colmado por otras personas, en especial por María José Claramunt, nombrada directora de la selección en 2013.

La necesidad de la figura de un intermediario que articulara la acción del seleccionador con los distintos órganos de la federación quedó patente por el progresivo avance de Claramunt. Los procedimientos de la directora, sin embargo, resultaron divisivos, según la mayoría de los empleados. El actual seleccionador, Julen Lopetegui, pronto se sintió vulnerable en una estructura que lo obligaba a tratar con Claramunt desde las cuestiones logísticas a los asuntos más triviales de la convivencia y las relaciones públicas.

En el entorno de Lopetegui aseguran que la llegada de un director deportivo puede servirle al equipo técnico de amortiguador, permitiéndole dedicarse a sus funciones específicas —la detección de jugadores y el entrenamiento— y aliviándoles de tareas como las desempeñadas en los últimos días, al calor de los enredos de tinte político como el suscitado por el color de la camiseta o las declaraciones de Gerard Piqué pidiendo el voto en el referéndum ilegal en Cataluña.

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Fuente: EL PAÍS