"Rajoy suele presumir de que conoce cada uno de los pueblos de España"

Uno de los primeros síntomas de paranoia fue la denuncia ante la Junta Electoral Central contra Abc por la entrevista con la candidata Arrimadas que el diario publicó durante la jornada de reflexión de la campaña catalana. Ayer, el portavoz parlamentario del partido, Rafael Hernando, confirmaba con un tuit de prosa desquiciada las visiones espectrales que asaltan a la cúpula del PP: «La noticia de El Mundo sobre supuestas concesiones en leyes claves al PNV no solo es delirante, sino que nada tiene que ver con la realidad. Maniqueísmo puro al servicio de Ciudadanos y Rivera». No tiene nada de extraño que un dirigente político contradiga la información que un medio publica sobre su partido, lo que sí resulta extravagante es que el desmentido venga acompañado de un crudo juicio de intenciones.

Los fontaneros de Mariano Rajoy, esa cohorte que fabrica discursos y estrategias en la sombra del gabinete de la Presidencia, solían referirse a Ciudadanos como «un partido Starbucks». Todo en él es muy colorido, muy cool, muy sofisticado, muy moderno, pero a la hora de la verdad, se mofaban, sólo lo consumen los jóvenes urbanitas.

El presidente Rajoy suele presumir de que conoce cada uno de los pueblos de España y que tanto su kilometraje como su procedencia provinciana le conceden una ventaja decisiva sobre sus actuales rivales, nacidos y criados en Madrid y en Barcelona. Una de las fortalezas del PP desde la refundación aznarista ha sido su raigambre municipal y hoy sus dirigentes, para frenar el asalto de unos advenedizos al espacio político que durante años habían explotado en régimen de monopolio, no desaprovechan la ocasión de recordarlo. Tras la reunión más reciente de los barones en Génova, hace tan sólo unas horas, el coordinador general del PP, Fernando Martínez Maíllo, no esperó ni tres frases antes de subrayar que «aquí ha venido una representación de todos los lugares de España».

La seguridad con la que sus dirigentes mostraban las largas raíces de la formación podía sonar arrogante hace un año y medio. Ahora suena impostada. Quizás por la coletilla displicente con la que suelen adornarla y que el propio Maíllo no se resistió a utilizar. Ese «otros no pueden decir lo mismo», con el que los portavoces del PP elevan a Ciudadanos a la ennoblecedora categoría de antagonista. Cualquiera diría después de escuchar al coordinador general que en la sobremesa genovesa, tal y como aseguró, los barones del PP hablaron «nada, pero nada» de la estrategia para frenar el imparable ascenso de Albert Rivera en las encuestas.

Maíllo desde luego sí habló de Ciudadanos en la sala de prensa. De la falta de iniciativa de Arrimadas, de la debilidad estructural de la formación naranja, de la «buena sintonía» del portavoz Juan Carlos Girauta con la portavoz podemita Irene Montero, de la incoherencia de Rivera o del oportunismo de la reforma electoral que han propuesto.

La proverbial disciplina del Partido Popular le permite a Rajoy superar estos encuentros sin el más mínimo sobresalto, pero no existe un partido tan pétreo como para que no le influyan unos sondeos que vaticinan debacle. Es un lugar común el comparar una grave derrota electoral con el ERE de una gran empresa. Los trabajadores se inquietan, el ambiente se envilece, la cúpula se encierra en sí misma y cunde el nerviosismo. Las encuestas permiten anticipar una profunda reestructuración de plantilla en el PP, pero fuentes del partido insisten con vehemencia en que la tensión que sacude en este momento a los cuadros de la formación llega muy atenuada a Mariano Rajoy. «¿Usted ha oído alguna crítica?», suele contestar el presidente a quien le pregunta por el malestar de una parte de los suyos.

El PP vive un momento paradójico. Las encuestas municipales le auguran lo que se puede llamar una victoria amarga. O cuando menos una derrota dulce. El éxito político se mide en poder y si Ciudadanos se aviene a apoyar en los ayuntamientos a la fuerza más votada, los populares podrían recuperar alcaldías de la importancia de Madrid, Zaragoza, Valladolid, Cádiz o Palma de Mallorca. El precio es la confirmación de que Ciudadanos ha salido del Starbucks y es un rival en condiciones como para disputar la hegemonía del centro derecha.

pp, ciudadanos, mariano rajoy, madrid, españa, pnv, rafael hernando, albert rivera, fernando martínez maíllo, irene montero, inés arrimadas

Fuente: EL MUNDO