Cultura con sabor a altruismo

Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO.

Solidaridad. La utopía del siglo XX que se materializó en óleos, dibujos, grabados, acuarelas, litografías y fotografías. Una suma de mil 500 obras reunidas en una labor social. Éste es el origen de la Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte que celebra su 25 aniversario con una colección que incluye a Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Leonora Carrington, Raúl Anguiano, Manuel Felguérez, Alfredo Zalce, Francisco Zúñiga, entre otros. Piezas que llegaron en un gesto de amabilidad de artistas e instituciones. Una labor aún en crecimiento.

En tres bodegas de la fundación se acumula cada año un promedio de 30 piezas. Obras que artistas emergentes y de trayectoria obsequian a manera de intercambio. Algunas pequeñas como gráfica y otros óleos que entran en trueque, apuntó Verónica Álvarez, tesorera de la fundación que representa a cinco mil trabajadores de la Cooperativa Pascual.

En un cuarto de siglo a la lista de donantes se han sumado Gabriel Macotela, Adolfo Mexiac, Arturo García Bustos, Demián Flores, Gilberto Aceves Navarro, Vicente Rojo, Pedro Valteirra, Phil Kelly, Magali Lara y Alberto Castro Leñero.

La colección se formó por un intercambio de ayuda, es en apoyo a la población. En ocasiones nosotros ayudamos a los artistas con la impresión de folletos o les prestamos la galería para exhibir y ellos nos regalan una obra. Es como un trueque”, comentó Álvarez quien recalcó que todas las piezas han sido donadas y ninguna está a la venta. “Es un acervo para mostrar, para compartir”, dijo en entrevista.

La crítica de arte Raquel Tibol y el pintor Mario Orozco Rivera fueron los promotores originales de la colección. En 1982, cuando los trabajadores de la empresa Pascual iniciaron una huelga, ambos reunieron 900 piezas de más 90 artistas para realizar dos subastas; el dinero recaudado se donaría a la empresa de jugos para crear su cooperativa. Pero los remates no se realizaron.

Del total de piezas, sólo 400 se devolvieron a los artistas: “Hubo muchos que ya no quisieron su pintura, y nos la regalaron. La colección inició con 524 obras de arte”. Entre los primeros donantes están Olga Costa, Rina Lazo, José Chávez Morado, Luis Nishizawa, Enrique Bostelmann, Mariana Yampolsky y Héctor García. Muchos de los artistas pertenecieron al Taller de Gráfica Popular y al Salón de la Plástica Mexicana.

La década de los 80, el acervo quedó resguardado por la Cooperativa Pascual, y hasta 1991 se formó la Fundación responsable de la colección y actividades culturales como funciones de teatro, concurso de dibujos, desfiles y más: “El movimiento de los trabajadores de la empresa fue social y gran parte de los artistas tienen esa inclinación, apoyar a la población. Creemos que por eso nos dejaron todas esas obras y han seguido donando. Es una forma de agradecer  a la comunidad”, agregó Leticia Ortega, secretaria de la fundación.

En dos décadas se ha triplicado el número de piezas. Del acervo destaca Gemelas enemigas y Diferencia y continuidad de Manuel Felguérez, Botecito soñando de José Agustín Andreu, Dos mujeres de Carla Rippey, Xochimilco, de Arturo García Bustos,  y Yo mismo, de Gilberto Aceves Navarro.

El museógrafo encargado del acervo, Eduardo Vélez, detalló que el 70 por ciento es obra gráfica.

Muchas de las piezas llegaron también por colaboraciones con instituciones. Con el Salón de la Plástica Mexicana, la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda y la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. “En una ocasión la gente del Salón de la Plástica nos donó parte de una exposición que tuvieron. Creemos que les interesa que nuestro proyecto social, porque al final la colección es de todos los trabajadores de Pascual”. También en 2006, el Museo de la Ciudad de México convocó a artistas a exhibir obra sobre la Cooperativa Pascual; fueron 80 piezas que se sumaron al acervo.

Visión a futuro

La colección se conserva en buen estado a cargo de un museógrafo y un auxiliar quienes cada fin de año realizan trabajos de mantenimiento. Son los encargados de llevar el inventario y preparar las obras cuando salen a exhibiciones. Sin embargo, aún quedan proyectos en puerta.

Falta un catálogo razonado que precise el contenido de la colección: “El museógrafo nos dice cuántas esculturas o pinturas tenemos, él es quien sabe esos detalles”, reconoció la tesorera. Hace unos años se propuso realizar un catálogo digital, pero no se concretó. También se proyectó construir un solo espacio que sirviera de bodega para resguardar la obra junta, y no dispersa en tres sitios como ahora; pero no se logró.

Se tiene un registro fotográfico de toda la obra, y se sabe bien qué tenemos, pero  sería bueno tener un catálogo. Pero por cuestiones económicas se ponen prioridades, y ahora ha sido la promoción. Serán trabajos que haremos”, comentó Vélez, quien aseguró que en 25 años se ha expuesto el 99 por ciento de las obras en diferentes espacios.

Álvarez y Ortega coincidieron en la intención de llevar exposiciones al extranjero. Si bien hay un programa anual de exhibiciones en el país (este año se han montado más de 16), se conoce poco del acervo. “Nuestra única donataria es Pascual, y no hay mucho presupuesto, entonces sí tenemos programado realizar otras actividades, pero queremos buscar apoyo, yo creo será poco a poco”, refirió la tesorera.