Retratos de la muerte

Las puertas de las casas de los habitantes de Santa Fe están abiertas para todos los que quieran ver los altares que las familias han levantado para sus difuntos. Las calles huelen a copal, a flor de cempasúchil y café. De música de fondo un organillero armoniza la llegada de turistas y visitantes que cooperan con frutas y velas los altares de las familias.

La casa de Teresa Gaspar y la ofrenda dedicada a su hermano Alberto Gaspar Dimas es una de las más frecuentadas en la comunidad por su ubicación en la plaza principal frente a los puestos que venden pizza y quesadillas a los visitantes.

- Mi hermano murió de alcoholismo. Le responde Teresa a un grupo de extranjeros que le preguntan por su familiar.

- No tengo ninguna foto de él, más que cuando era niño y tenía unos tres años por eso no tiene la ofrenda.

Los turistas se despiden de Teresa y les recomienda visitar más casas en el pueblo ya que en algunas les ofrecen cenar a quien los visite. Como en la casa de sus vecinas a dos casas de la suya.

La gente hace fila para dejar su ofrenda y tomarse una foto en un gran altar lleno de flores naranjas y velas dedicado a la señora Dolores León Gallegos.

- Somos seis hermanas y nos organizamos para poner este altar para mi mamá. Es muy especial esta vez, porque apenas el próximo 22 de noviembre cumple un año que nos dejó.

Norma Guadalupe, hija mayor de Dolores. Con una blusa rosa tejida que combina con la ofrenda. Hablando en purépecha a los niños, les hace señas para que no salgan de la casa. Mientras ofrece con una sonrisa otro plato de pozole y champurrado a las visitas.

Un camino de flores fuera de una casa invita e incita a entrar a ver el altar que la señora Guadalupe Ceja con ayuda de sus yernos levantó para su esposo. Los niños de la casa presumen a los visitantes la calaverita hecha con calabaza por ellos mismos. Iluminada con una vela adentro.

Guadalupe Ceja está reunida con su familia. Tienen granos de maíz para hacer pozole remojando para servir al amanecer a quienes pasen en vela con ella la noche en espera de su esposo que la visita.

Una cortina de flores de cempasúchil decoran el lugar y Alejandro traduce al castellano la conversación entre las mujeres.

La señora Anabel sentada al centro del patio frente a la ofrenda. Acompañada de su familia conversa en purépecha con una vecina que acaba de llegar a su casa.

- Le está contando de que murió su hijo Martín. Apenas volvió de Estados Unidos, allá trabajaba. Vino a visitar a su mamá después de muchos años.

Las hijas de la anfitriona le sirven un plato de pozole y ponche a la vecina que conversa con su madre e invitan a los visitantes a cenar. Alejandro continúa traduciendo.

- Le dio un ataque al corazón. Estaba bien y de repente se desmayó. Estaba joven tenía 41 años cuando falleció.. Yo creo que nada más se vino a despedir de su mamá. Como es la vida que uno regresa siempre a morirse a dónde es.

Algunas cuadras lejos del centro de Santa Fe. Un grupo de hombres reunidos beben tequila y conversan en la banqueta. Dentro de la casa, varias mujeres acompañadas de sus hijos velan a la señora Dominga Mejía Domínguez quién falleció por la mañana del 1 de noviembre.

- Desde ayer ya no podía respirar bien. Y ya en la mañana ya no despertó. Dice Guadalupe con la mirada perdida hacia el ataúd de su abuelita.

Salud y Guadalupe, hijas de Dominga Mejía dicen que murió de cansancio porque toda su vida la pasó en el campo cargando madera sobre la espalda.

- Desde que ella estaba en el hospital decía que veía gente muerta, se asustaba. Ayer ya no se quería dormir. Seguro vino su esposo por ella y pues ahora ya van a estar juntos de nuevo.

Prenden un incienso y le dan el último adiós a su madre, incrédulas de que se trate de una coincidencia que su madre haya fallecido en plena celebración del Día de los Muertos.

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