En la columna

Manuel Sánchez de la Madrid…

 

De Jaime Sánchez de la Madrid podrán decirse muchas cosas, a lo largo de su vida que supera las siete décadas, las que ha vivido intensamente, presume y se siente, un joven conquistador, alegre, sobrado de recursos para ganar amigos y si le es posible –e insiste- en hacerles favores. Presume y lo siente, lo que es bueno, esto a pesar de que él mismo no hace mucho decía, “…bueno, yo me siento muy bien, estoy fuerte (al tiempo que lucía el conejo de sus fuertes brazos), estoy sano, no me duele nada, en realidad los años no me limitan, corro, brinco, nado, juego golf, soy el mismo, no tengo límites, bueno… algunas cosas me dan flojera”.

De ninguna manera será ésta su biografía, conozco gran parte de su vida, a pesar de que esconde páginas que sería divertido conocer, y bien pudiera hacerla, además se la merece, las aventuras, anécdotas, hechos relevantes aplaudibles unos y otros no tanto, dan como para un libro grueso, de muchas páginas.

No seré yo, ni capacidad tengo para semejante hazaña, ahí queda para las próximas generaciones.

Siendo hermano de Jaime, lo que con frecuencia presumo, lo conozco pues y me consta que pareciera que hubiera nacido con una soga en la mano, desde muy niño adquirió destreza con soguitas de las que vendían los mecilleros en los puestos de la Feria de Colima, la floreaba y lazaba desde las palmillas de ornato que mi madre con tanto cariño cuidaba, hasta el perro que le pasara por enfrente, lo que le mereció justificados regaños. No me olvido el reclamo de mi mamá cuando no atinó Jaime a lazar una maseta con una amanda (¿alamanda?) y tumbó unos jarrones checoeslovacos que se destruyeron.

En el rancho La Granja Amalia se daba gusto Jaime practicando lo que llegó a ser su pasión deportiva. No sería en Colima el deporte nacional por excelencia lo que es, la charrería, lo que es sin Jaime Sánchez.

Se conjuntaron eventos en los que participaron el estupendo amigo y charro jalisciense Elías Lozano y su señora esposa Carmelita Ochoa de Lozano, padrinos de Jaime y sus inseparables amigos que lo seguían a donde fuera. Vivíamos los Sánchez de la Madrid en el Alpuyeque, en las goteras de nuestra ciudad y ahí se jineteaban becerros y vaquillas, lazaban y se divertían. El grupo no sé porque fueron a dar al rancho de Don Vidal Fernández en donde aprendieron más en serio las suertes campiranas de lazar, pialar y jinetear.

Elías los vio y se entusiasmó sugiriéndole a mi papá que los integraran y dieran forma a una asociación de charros, así nació Charros del Camino Real y Jaime fue su presidente, esto a pesar de que era un joven quizás menor de veinte años.

Se convirtió en el dínamo del grupo que creció y le dio vida a la charrería en Colima, Jaime se encontró consigo mismo, de pronto fue el orador y dio la salutación a Reina Mariza Primera, que fuera amiga de los charritos entusiastas y apenas aprendices a los que curaba los raspones cuando un becerro los tumbaba en el corral del rancho de Don Vidal.

Jaime fue, es y seguirá siendo el líder de quienes hoy son señores con más de setenta años de edad, pero que siguen unidos no tanto por el deporte, sino porque Jaime los agrupa y reúne y es ejemplo para los actuales y para el futuro.

A Jaime se debe que la maestra Griselda Álvarez construyera el lienzo charro Camino Real, que fue escenario de cientos de charreadas en donde han estado los mejores de México.

Jaime convenció a los del equipo de Camino Real, apenas asociados y confederados de asistir a un torneo nacional charro en Tepic, Nayarit, en donde los colimenses destacaron por encima de asociaciones y equipo de prestigio nacional, Los Pedrero, Charros de Jalisco y otros. De esto hace casi cinco décadas.

No puedo asegurar la fecha, pero estando yo en la Ciudad de México me llamó Jaime para decirme que estaba la capital del país, quizás en 1980 o 1981 y que se había inscrito para participar en el torneo de los Charros de La Viga, el más prestigiado del país, para competir en el Charro Completo.

Nos reunimos y el charro llegó sin caballo, se lo había prestado dos o tres días antes a un amigo para que charreara en Tecomán y el precioso y fino animal se murió de un torzón, lo que no desanimo a mi hermano, a quien alguno de los charros amigos de él  le prestaron un caballo y se enfrentó a los mejores charros del país en caballo prestado.

Mi esposa, mi compadre Agustín Trejo y su esposa Paty fuimos los únicos que desde las tribunas apoyamos al charro colimote que por su pericia en cada suerte se fue ganando al público que nos acompañó y le festejaba sus manganas, sus colas en el partidero, sus piales en el lienzo, el peligroso paso de la muerte. Jaime triunfó ese domingo, obtuvo una puntuación récord que se anotó para que compitiera con los que buscaran el título nacional, cada domingo competían cinco o seis charros y al año en que hubiera logrado mayor número de puntos, ese era el campeón nacional y Jaime Sánchez de la Madrid triunfó en ese año.

Ningún colimense ha logrado ese título.

Lo anterior es apenas algo de lo que cuenta como para que a Jaime le reconozcan lo que ha hecho por la charrería.

Justo homenaje.

Felicidades.