Polycomentanto

  Rosaura Eloísa Hernández Anguiano…

Hoy quiero escribir del algo que me causa miedo: el cáncer. La primera vez que vi y viví la enfermedad del cáncer, fue hace poco más de 20 años, mi papá murió de cáncer en el hígado. En realidad, esa enfermedad, antes de lo de mi padre, la veía lejos y creía que mi familia era inmune pero se hizo presente un febrero de 1997 y culminó con la vida de mi progenitor un 5 de mayo del mismo año.

Así pasaron los años, conociendo más y dándome cuenta que esta enfermedad no respeta ni condición social, ni cultura, ni religión ni nada, simplemente se desarrolla e impacta en la salud de las personas.

En agosto del 2016, tuve la experiencia del enfrentar la muerte de mi hermano el día 6 de ese mes, 8 días exactamente después, muere mi madre de un infarto que literal, le abrió el corazón en dos partes. A mi mamá la canalizaron de urgencia a Guadalajara, algo que hasta el momento no me explico para qué si ya sabían que su muerte era inevitable, sólo la mandaron a morir al Centro Médico del IMSS como ella no quería morir: sola y sin ninguno de sus hijos que le quedaban a su lado porque no nos dejaban estar con ella. Pero bueno, la esperanza no muere, hasta el último momento.

Cuando yo iba de regreso a Colima, con el dolor doble por ambas muertes y saliendo del Centro Médico, volteé y dije en voz alta: “para que yo vuelva a regresar a Guadalajara, van a pasar muchos, muchos años, y menos al Centro Médico, en mi vida me vuelvo a parar".

Cosas de la vida, a los 15 días de muerta mi mami y tres semanas mi hermano, yo estaba nuevamente en Guadalajara, en el mismo Centro Médico del IMSS y peor aún, en el área de cancerología. ¡Upss!

Aquí es a donde quiero llegar, a esta parte de la historia que me dio pavor. Un mes antes de los sucesos de mi hermano y mi madre, fui a hacerme estudios de mamografía a Cancerología aquí en Colima. Los resultados yo no los había recibido y con los acontecimientos, menos me acordé de ellos, pero, a los pocos días de enterrar a mi familia, recibí una llamada del instituto donde me notificaban que tenía que hacerme otros estudios, porque al parecer habían encontrado algo.

De ahí, el viacrucis, el miedo, la angustia, y  más, todavía en duelo y creer ver y sentir de nuevo la muerte cerca. Enfrentar estudios que no quería, esperar resultados que me llenaban de angustia, escuchar la palabra “cáncer”, “cáncer” en mi mente, recordar cómo terminó mi papá por esa enfermedad y peor aun, escuchar infinidad de historias de personas que no la habían superado.

En una publicación que encontré señala que de acuerdo los últimos datos del Inegi, “tres cada 10 mujeres con cáncer tiene cáncer de mama y asegura que ésta enfermedad mata a mujeres y hombres por igual, aunque en su mayoría son del sexo femenino”.

También refiere que según los últimos datos del Instituto Mexicano del Seguro Social y el Inegi: “del total de casos de cáncer en México, 99% de los casos cáncer mama lo padecen las mujeres, tres de cada 10 mujeres con cáncer tiene cáncer de mama, la incidencia de tumor maligno de mama entre la población de 20 años y más es de 14.80 casos nuevos por cada 100 mil habitantes y los estados con mayor incidencia de cáncer de mama son: Colima (101.08), Campeche (97.60) y Aguascalientes (98.85)”; además también señala que “Las mujeres de 65 años y más son las más afectadas por tumor maligno con 68.05 casos por cada 100 mil habitantes; la mortalidad por tumor maligno de mama es de 15 defunciones por cada 100 mil mujeres de 20 años y más edad; Chihuahua tiene la tasa de mortalidad más alta con 25.91 defunciones por cada 100 mil mujeres, Campeche tiene la tasa más baja con 5.86 defunciones por cada 100 mil mujeres”. Así la realidad.

Me canalizaron a Guadalajara porque al parecer me harían una biopsia con arpones porque presentaba dos bolitas negras en el seno izquierdo, allá, me hicieron otros estudios y resultó que no, que no había tales bolitas, pero que en la derecha sí había una y esa presentaba más indicios de probabilidades cancerígenas, así que tuve que pasar por todos los protocolos pre operatorios para que me hicieran una cirugía y fuera extraída.

Por la gracia de Dios, fue benigna, me dieron de alta en Guadalajara pero ahora tengo más conciencia de lo que es la enfermedad como tal, es por eso que la prevención es tan importante, el poder detectar la enfermedad con tiempo, poderla atender, permite prolongar la vida y sobre todo he podido enfrentar mis miedos. Tantas campañas y campaña de prevención, pero sé que por ahí, hay mujeres como yo, temerosas, que preferirían no enfrentarse al hecho y mejor no se revisan, pero desgraciadamente, es una enfermedad que tarde que temprano aflora y a veces, cuando ya sale por sí sola, es inevitable. Hoy sé que tengo que cuidarme, que no quiero ser parte de las estadísticas y que si lo soy, que sea por prevención.

Que no queden niñas y niños huérfanos de madres por no querer hacer el estudio preventivo, que por cierto, a mí, no me dolió, creo que es un mito que duele la mastografía, por lo menos, es un dolor que puede ser soportable. Te invito pues a que hagas tus chequeos como te los recomienda el sector salud, que si te detectan algo, inmediatamente sigas con las instrucciones que te indiquen, y que si no te atienden de inmediato, hagas presión; hoy te sugiero que te ames y te cuides, que ames a tu familia y sobre todo, que no temas y si temes como yo, enfrenta tu miedo y sal adelante. polyhernandez@hotmail.com