Del ahorro a la deuda

El IMSS deberá elevar la edad de retiro para evitar una quiebra financiera del organismo, señala su director
Quienes cotizan al IMSS, por la Ley de Seguro Social ahorran para el retiro el 6.5 por ciento de su salario base de cotización y se trata de una aportación tripartita donde el trabajador contribuye con poco más del 1 por ciento. Sin embargo, este porcentaje de aportación, refiere la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), es de los más bajos de los países que la conforman.
Fernando Yllanes Martínez, presidente de la Comisión de Seguridad Social de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), requirió incentivos fiscales para aumentar el ahorro voluntario de los trabajadores. Propuso que por cada peso que aporte un trabajador, el Estado deposite otro.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), en 2016 el sistema sumó 57.3 millones de cuentas, de las cuales 38.6 millones pertenecen a trabajadores registrados, mientras que 18.7 millones permanecen asignadas.
Sin embargo, “muy pequeño número de trabajadores están haciendo sus aportaciones voluntarias para poder acceder a una pensión cercana a su último salario cuando ellos decidan retirarse”, aseguró el economista José Nabor Cruz Marcelo.
El resto, la mayoría, “no está dando los porcentajes suficientes para acceder a una pensión digna para acceder a una canasta básica al término de su vida laboral, por lo que por decisión propia alargará su vida laboral otros 10 años para poder tener ingresos”.
El sistema bancario invita a ahorrar a través de una tasa de interés “atractiva” para que transfieran su dinero líquido a la contratación de un fondo de inversión o compra de bonos. Pero de acuerdo con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), más del 50 por ciento de los mexicanos no usa el sistema bancario.
“El sistema bancario ofrece una tasa muy baja para ahorradores y una muy alta para los créditos al consumo”, destacó el economista José Nabor Cruz Marcelo.
Dada la incapacidad de ahorro que tiene el trabajador mexicano para comprarse un refrigerador, televisión, lavadora o algún otro bien durable, “tiene que endeudarse y pagar un sobreprecio de la mercancía frente a lo que hubiera pagado de contado”.