Crecimiento no transforma la economía

El crecimiento económico de la última década ha sido incapaz de modernizar la economía y peor aún no ha podido sacar a miles de nicaragüenses de trabajar en las actividades económicas menos productivas del país, revela un análisis comparativo que publica este jueves la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

La proporción de trabajadores empleados en el comercio y la agricultura, donde predominan los bajos salarios, en 2014 es casi igual a la que había en 2005.

Basado en las premisas planteadas por el economista de Harvard Dani Rodrik y datos que recoge la Encuesta Nacional de Hogares sobre Medición de Nivel de Vida, Funides determinó el nivel de productividad de la mano de obra en cada una de las actividades económicas.

En ese sentido, el director ejecutivo de Funides, Juan Sebastián Chamorro, precisa que si en los últimos años hubiese existido una verdadera transformación estructural de la economía, la mano de obra hubiese emigrado masivamente de las actividades económicas de baja productividad (como las asociadas a la actividad agropecuaria) hacia “sectores típicamente de mayor productividad” (como los asociados a la industria y a los servicios).

En 2005 las actividades vinculadas a la agricultura, ganadería, pesca y silvicultura empleaban al 32.1 por ciento de la mano de obra en Nicaragua. Diez años después, según el análisis de Funides, esta misma actividad acoge al 30 por ciento del mercado laboral, es decir, con emigración de la mano de obra a otras actividades económicas más productivas de apenas 2.1 puntos.

Por otro lado, el sector financiero, la actividad económica con los niveles de productividad más altos del país, pasó de emplear en el 2005 al 6.4 por ciento de la mano de obra a 4.5 por ciento en el 2014.

La categoría que aglutina comercio, hoteles y restaurantes, actividades económicas con baja productividad, empleaba en 2005, al 22.7 por ciento de la fuerza laboral y en 2014 esta proporción se amplió al 24.8 por ciento.

Chamorro recuerda que para lograr la transformación de la economía hay dos caminos. Primero invertir en el capital humano y físico, innovación tecnológica y fortalecimiento de las instituciones cuyo efecto se ve a largo plazo. Segundo, invertir recursos en las actividades económicas de mediana productividad del país, para que la mano de obra pueda emigrar hacia ella y por ende impactar en la economía.

El director ejecutivo de Funides afirmó que “si la economía se transformara, las actividades económicas de más baja productividad aumentarían su productividad, pero además sectores como los bancos, inmobiliarias, administración pública, manufactura empezarían a crecer (en absorción de mano de obra)”.

Chamorro reconoce que de por sí la actividad financiera no puede absorber la emigración de la mano de obra por su tamaño, por lo que se deben identificar aquellas actividades que si se lograran desarrollar más pueden captar a más trabajadores. “Con ese movimiento de mano de obra podríamos transformar al país. Minas, por ejemplo, tiene una alta productividad, pero trabajan muy pocas personas”, afirma.

“La evidencia de que entre 2005 y 2014 nos hemos convertido en un país más productivo es bastante débil”, precisó.

“La economía nicaragüense no ha sufrido transformaciones estructurales de gran importancia”, dijo.

Las actividades económicas de baja productividad se caracterizan por tener salarios extremadamente bajos y las condiciones laborales son precarias.

Exportaciones sin transformación

Funides menciona que otro ejemplo claro de que la economía no se ha transformado estructuralmente hacia sectores más productivos y sofisticados es echando una mirada a la estructura de las exportaciones de Nicaragua.

Funides menciona que en el 2015 el 86 por ciento del valor de las exportaciones de Nicaragua correspondió a recursos naturales, “productos con una sola transformación o productos de baja tecnología”.

Y comparado con el 2006, “el 96 por ciento del valor de las exportaciones de bienes eran recursos naturales, productos con una sola transformación o productos de baja tecnología”.

Si bien aparentemente hay una mejora en términos de valor de las exportaciones, Funides cree que esta se vio influenciada “por cambios de precios y no necesariamente por cambios en la sofisticación de los bienes físicos que se están exportando”.

Según Funides, en 2015 la proporción de productos primarios exportados es menor que en 2006 (pasó de 67 por ciento a 38 por ciento del total).

En 2006 el tres por ciento del total de los productos exportados tenía algún grado de tecnología, en 2015 esa proporción se elevó a 26 por ciento.

Mientras tanto, la participación del envío de productos de alta tecnología se redujo a cero en el período, pasando de 1 por ciento en 2006 a cero en 2015.

“Aunque se registre un leve movimiento hacia productos de mayor sofisticación, la matriz exportadora todavía muestra un sesgo hacia los productos de baja productividad”, insiste Funides.

Urge transformar economía

El director ejecutivo de Funides dijo que “es importante, como lo sostiene Rodrik, buscar acciones, políticas e iniciativas que persigan acelerar o provocar un cambio estructural en la economía nicaragüense, hacia sectores de mayor productividad. Esta transformación se logrará en la medida que se eliminen algunos cuellos de botella importantes para el desarrollo de sectores de mayor sofisticación productiva”.

Entre las acciones menciona reducir los costos de la energía eléctrica y reducir otros costos clave y mejorar el acceso a bienes y servicios de apoyo a la producción, como el financiamiento y la tecnología.

Chamorro insiste en que debe haber “una política clara destinada a fomentar una mayor inversión en capital físico en aquellos sectores con más productividad”.
Además se tiene que mejorar la inversión pública en infraestructura vial, aeropuertos, educación y salud, derechos de la propiedad y regulaciones de las industrias clave.

Deteriora confianza

Y mientras Nicaragua requiere inversión para impulsar la transformación de la estructura económica, el mismo informe de Funides revela que en septiembre se continuó deteriorando la percepción del clima de inversión entre los empresarios.

La encuesta de confianza de empresarios que trimestralmente realiza Funides arrojó que mientras en julio el 10 por ciento de los empresarios dijo que la actual situación de la empresa privada era peor que en abril, en septiembre la proporción creció a un 20 por ciento, el nivel no visto en los últimos tres años.

El director de Funides, Juan Sebastián Chamorro, señaló que la principal razón de este deterioro se debió la inestabilidad política que perciben los empresarios.

“El porcentaje de empresarios que perciben como favorable el clima de inversión disminuyó del 66 por ciento en julio a 58 por ciento en septiembre; asimismo, durante el mismo período aumentó en un punto porcentual el porcentaje de empresarios que considera que el clima de inversión ha sido desfavorable”, señala Funides.

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Fuente: LA PRENSA