Agricultura protegida sedienta de recursos en Nicaragua

Garantizar la aprobación de un producto crediticio que financie la instalación de estructuras bajo techo para producir hortalizas o plántulas de estas y otros cultivos es la meta de algunas cooperativas del horticultores del norte del país.

“En la cooperativa elaboramos un producto crediticio para poder analizar en cuántos años, a qué tasa de interés y con qué porcentaje de la producción se puede pagar la inversión. Entonces este año lo que nos toca es buscar el financiamiento para promover entre los socios su instalación”, explica Gerardo López, gerente de la Cooperativa de Servicios Múltiples de Productores de Jinotega (Coosmprojin RL).

Según López, la meta es que la organización obtenga el financiamiento para trasladarlo a sus socios, ya que a partir de la experiencia que acumularon el año pasado con el uso de estas estructuras, muchos de los 78 socios de Coosmprojin están interesados en instalarlos.

“El problema es que la banca está cada vez más renuente a financiar la producción agrícola, por los riesgos que la actividad implica. Entonces en lugar de suavizar los requisitos cada vez son más estrictos en cuanto a las garantías y protección de los riesgos. Pero obtener este financiamiento es uno de los retos de este año para esta empresa cooperativa”, afirma.

Decidieron “probar”

Hasta el año pasado los socios de esa cooperativa se dedicaban exclusivamente a la producción de lechuga americana y toda su cosecha, entre 2,000 y 2,500 docenas semanales durante todo el año, la entregan a dos cadenas de supermercados y otra de restaurantes de comida rápida.

Sin embargo, el año pasado los invitaron a formar parte de un proyecto de innovación que promueve el uso de estas estructuras. “La única referencia que teníamos del uso de estas estructuras era la de la empresa Hidropónica, que producía chiltomas de colores en Sébaco. Pero decidimos probarla y elegimos el tomate manzana y la tecnología de invernadero”, relata López.

“El proyecto nos proporcionó seis invernaderos de 8 por 35 metros cuadrados, que en total suman unos 1,600 metros cuadrados de estructura. Fue instalado por Vecoma con una contrapartida de la cooperativa y así nos convertimos en la primera cooperativa en usar invernaderos para producir hortalizas”, sostiene López.
Los resultados, tanto en productividad como en calidad, fueron tan exitosos que este grupo de productores se ha fijado la meta de conseguir el financiamiento para dotar de esta tecnología a sus socios.

No es comparable

“Ni siquiera quisimos comparar los incrementos de productividad con los obtenidos con la producción tradicional que en Nicaragua se hace a campo abierto porque eso no era justo. Ellos miden en cajillas por manzana y la variedad que escogimos, que es especial para producir en invernadero, se hace en libra por metro cuadrado”, detalla López.

Añade que obtuvieron hasta 25 libras por metro cuadrado con una vida útil de entre 12 y 18 días, cuando la producida de forma tradicional promedia unos seis días. “Eso permitió que lográramos vender la mayoría de esa cosecha a Walmart y que nos pagara a 12 córdobas por libra y el resto a una cadena de restaurantes que nos pagó 15 córdobas por libra”, expone López.

Estos resultados, según López, confirman que la inversión —pese a ser muy alta— es recuperable. Además, permite producir durante todo el año de forma continua, aún en condiciones adversas, de exceso o escasez de lluvia, y a la vez obtener cosechas de mejor calidad.

Hace cuatro años experiencias similares a estas estimularon a los socios de la Cooperativa Agropecuaria de Servicios Tomatoya, Chagüite Grande RL (Tomatoya) de San Rafael del Norte, en Jinotega, para invertir en esta tecnología.

Precios varían

“Optamos por lo más accesible, que son las casas mallas; cuestan unos nueve dólares por metro cuadrado, los invernaderos valen hasta 40 dólares por metro cuadrado, ya que cuentan con alta tecnología. Eso significa que para un cuarto de manzana que son 2,000 metros (cuadrados) hay que invertir unos 18,000 dólares si es instalado por el productor”, dice Norvin José Centeno, asesor técnico de Tomatoya.

En cuatro años instalaron tres estructuras que suman 1,300 metros cuadrados, en ellas producen anualmente 1.20 millones de plántulas de todo tipo de hortalizas que requieren trasplante. Son utilizadas por sus 43 socios (que entregan su producción a cadenas de supermercados) y por otros productores que las compran o solicitan el servicio de germinación de semilla, que en el caso de las hortalizas son importadas.

“De la que construimos hace cuatro años ya recuperamos la inversión, por eso el año pasado logramos instalar otra… Pero obviamente si hubiera financiamiento, aunque sea a mediano plazo, tendríamos más porque especialmente los pequeños productores no tienen ese capital”, afirma Centeno.
Ambos dirigentes confirman que de manera individual sus socios han solicitado financiamiento a varias instituciones para instalar esta tecnología, pero ninguna gestión ha prosperado por lo que ahora planean hacerlo como organización. Consideran que por sus características debería ser financiada con cuotas semestrales o que coincidan con la salida de las cosechas.

También reconocen que este tipo de crédito solo puede pedirse cuando se tienen clientes fijos, como las cadenas de supermercados o restaurantes, ya que los precios en el mercado convencional son demasiado fluctuantes y se corre el riesgo de perder incluso la inversión en la siembra.

Cambio de cultura

Además de la ausencia de productos crediticios que financien la instalación de estructuras techadas para la agricultura, la “adversión de los productores al riesgo de invertir también ha evitado que se generalice su uso, a pesar de los visibles beneficios que ofrecen”, dice Fausto Rodríguez, coordinador regional de programas de Veco Mesoamérica (Vecoma).

“Otro aspecto que también ha influido son los proyectos gubernamentales y privados que en otras oportunidades los han proporcionado de forma gratuita, entonces el resto de productores prefiere esperar que también a ellos llegue alguien y también se los regale en lugar de invertir en su instalación”, señala Rodríguez.

Mercado puede ayudar

A raíz de la experiencia de un proyecto que ejecutan en Honduras donde un banco (en alianza con una cadena de supermercados garante) financia la instalación de estructuras techadas para la producción de hortalizas, “hemos retado a la banca a poner un capital de riesgo para financiar este tipo de infraestructura pidiendo garantías más suaves o solidarias a través de sus organizaciones, pero hasta ahora no hemos logrado nada”, dice el coordinador regional de programas de Veco Mesoamérica (Vecoma), Fausto Rodríguez. Otra propuesta es seguir el ejemplo de Honduras, pidiendo que los compradores intervengan pagando al banco parte de la cosecha que el productor le entrega y devolviendo al productor el dinero restante.

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Fuente: LA PRENSA