Daniel Ortega, el caudillo que aísla a Nicaragua del mundo

A sus 62 años, el comandante Daniel Ortega atacó implacable 19 veces a la palabra imperio. Hizo lo mismo diez veces con el capitalismo global y tres veces con las tiranías durante un discurso de 23 minutos en Naciones Unidas. Entonces repitió 38 veces pueblos y tres dignidad.

Era un martes 25 de septiembre de 2007 y Ortega estaba de regreso al foro por excelencia mundial, en que participó en 1989 en una época marcada por la guerra fría. Era ahora solo un caudillo, que había asumido el Ejecutivo, tras años de juegos y rejuegos del poder. Había estado en la oposición poco más de tres lustros desde los últimos días de la revolución sandinista en 1990.

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“La vida de los imperios es efímera en relación con el tiempo, que así como surgen, así como se llenan de soberbia y de prepotencia, así como se plantan a dictar como dioses, quién es bueno, quién es malo; así como se ponen a dictar cómo entregar, lo que ellos llaman asistencia, que no son más que las deudas históricas que tienen con nuestros pueblos, ellos sencillamente lo que están haciendo es respondiendo al imperio, a las políticas del imperio”, dijo Ortega.

No volvió a ir la ONU

Con tono solemne, el antiguo guerrillero sandinista —vistiendo saco oscuro, camisa blanca y corbata roja— viajó por última vez directamente a la sede de la ONU para participar en el foro mundial.

Una década de gobierno después, en 2017, al revisar las comparecencias de Nicaragua, se puede comprobar que el canciller Samuel Santos fue designado por el caudillo para participar entre 2008 y 2014, y en los últimos dos años lo hizo el vicepresidente Omar Halleslevens.

Ortega nunca ha sido uno de esos personajes recordados por su oratoria, a diferencia de líderes políticos a quienes el sandinista admira como el dictador cubano Fidel Castro.

Único interés es Venezuela

El tema en las diez comparecencias de Nicaragua fue casi el mismo: la lucha contra el capitalismo global, o la defensa de la iniciativa venezolana Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba), que, a diferencia de Naciones Unidas, sí le ha hecho recorrer esos países promoviendo la unidad frente al imperialismo.

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Un protagonismo del que el jefe de Estado nicaragüense parecía ávido, mientras a nivel interno eran más públicas las denuncias por el enriquecimiento de su familia y su entorno partidario, en el marco del señalamiento del manejo opaco de la cooperación venezolana que sumó más de 3,600 millones de dólares entre 2007 y 2016, la cual nunca fue auditada.

Al exmandatario venezolano Hugo Chávez (q.e.p.d.), el creador del Alba y benefactor de Ortega, los oficialistas le llaman el “comandante eterno” en Nicaragua. Una de las rotondas de Managua —en el antiguo centro— fue bautizada con el nombre del fallecido líder venezolano en una avenida que inicia con su imagen y termina con la estatua de Bolívar a caballo, junto al Lago.

Prioridades del régimen

“La política exterior del régimen de Ortega tiene fundamentalmente una base ideológica, que no le permite desarrollar una diplomacia amplia y transparente. Es una política exterior limitada, personalista y poniendo a un partido en la cima de los objetivos nacionales”, explica el exembajador nicaragüense en Alemania (1994-1997), José Dávila, uno de sus críticos.

Según Dávila, ningún país se da el lujo de no tomar la importancia que tiene el foro de la ONU, “lugar o foro mundial por antonomasia donde se lleva a la práctica desde 1945 el tejido de las relaciones internacionales”.

País en agenda de este año

Este año, el gobierno de Nicaragua ha delegado a la representante permanente ante Naciones Unidas, confirmaron fuentes oficiales del organismo y se espera que tome la palabra este lunes 25 de septiembre.

El país será el noveno de 11 que comparecerán en el último día de las sesiones. La representante nicaragüense es María Rubiales, quien ostenta el rango de vicecanciller.

El debate general del 72º periodo de sesiones inició el 19 de septiembre pasado, bajo el tema de “centrarse en los pueblos. Luchar por la paz y una vida digna para todos en un planeta sostenible”.

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Según el portal de Naciones Unidas, la reunión anual ofrece la oportunidad para que los líderes mundiales se reúnan en la sede de la organización para “abordar los asuntos que nos afectan a todos”.

“Prueba clara es que los dos puntos sobresalientes de la actual política exterior de Nicaragua es el apoyo incondicional a la dictadura de Venezuela, y el abrazamiento sólido que ha dado a Rusia, y su presencia en Nicaragua”, añadió Dávila.

El sociólogo Óscar René Vargas, quien fue el consejero principal del padre Miguel d’Escoto Brockmann, cuando este presidió un año la ONU en 2008, considera que Ortega está mal asesorado a la hora de pronunciar sus discursos ante ese organismo. Vargas explicó que no es Ortega el responsable de los discursos que calificó de “vacíos”.

Según el analista, el mal manejo de la política exterior ha aislado al gobierno de Ortega, a lo que agrega que los embajadores nicaragüenses no están capacitados para esa función. Vargas considera que el gobierno de Ortega desaprovechó la presidencia en la ONU de D’Escoto, el excanciller de Nicaragua en los ochenta. La razón es que perdió la oportunidad de poner en la agenda mundial los temas de su interés.

Recordó además que Ortega tenía previsto llegar a hablar en la Asamblea General de la ONU en 2008, sin embargo, no lo hizo porque el movimiento de mujeres lo esperaba con una protesta en respaldo a su hijastra Zoilamérica Narváez, quien lo acusó diez años antes por violación, y cuya historia se puso nuevamente en agenda por protestas similares en otros países.

“Oportunismo y cinismo”

Julio Icaza Gallard, quien fue embajador y representante permanente alterno ante la ONU en enero de 1983, afirmó que “toda la filosofía que inspira a Naciones Unidas es incompatible con el oportunismo y el cinismo, la falta de principios y el gansterismo global de Ortega”.

Según Icaza, la política exterior del régimen ha consistido en alinearse con los países del Alba y fuera de la región con Rusia e Irán, principalmente.

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“Su alergia a la democracia lo ha alejado de los principales países latinoamericanos, de los países que integran la Unión Europea y, más recientemente, lo está llevando a problemas graves con los EE.UU. El alineamiento con Venezuela y Cuba ha enfriado también sus relaciones con la mayoría de los países vecinos de Centroamérica. Su objetivo ha sido convertir Nicaragua en una ficha en el complejo juego de los superpoderes mundiales”, dijo.

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Fuente: LA PRENSA