MÁS TOLERANCIA, PRESIDENTE KUCZYNSKI

Una verdad de Perogrullo es que casi todos los gobernantes –en general, toda figura con autoridad– tienen la sensación de que la menor crítica a su gestión es una censura. Y vemos que Pedro Pablo Kuczynski no es la excepción. Le falta talante de estadista para soslayar las opiniones que no sean positivas. E incluso aquellas que le hagan ver la parte negativa de la marcha de su gobierno. Si bien pocos líderes tienen la claridad y el privilegio de saber sortear los comentarios de terceros, el problema de PPK es, en todo caso, las malas maneras que transpira para hacer notar su desaprobación a las apreciaciones libres, tanto de amigos como contrincantes, respecto a su proceder como jefe del Estado. Unas maneras que lindan con la grosería y hasta con la tontería.

Lanzar, por ejemplo, esta frase sólo contribuyó a exacerbar los ánimos porque, en el fondo, lo que trascendió es que el presidente de la República pretendía acallar toda crítica respondiendo de mala forma: “A los criticones les decimos cállense la boca y déjenos trabajar”. Esto espetó PPK para desacreditar los comentarios aparecidos en los medios de prensa denunciando los yerros –incluso la probable comisión de delitos– en torno al malhadado proyecto Aeropuerto Chinchero heredado del ahora reo Ollanta Humala y, contra toda sensatez, precipitadamente puesto en valor por el régimen Kuczynski. O esos otros incordios: “Ladran, gritan pero estamos avanzando” y “Estoy tan orgulloso de que en Arequipa todos estemos trabajando juntos. Les digo a los limeños: vean las obras en vez de escribir tantas editoriales y cosas así, eso es lo que debemos hacer”, propalados para silenciar a quienes le enrostran una verdad: la pobre gestión que ha tenido su régimen –y que sigue teniéndola– en relación con el desastre que produjo hace ya casi un año el Niño costero. Si en lugar de tanto desgaste en verborreas confrontadoras el Presidente aplicara esas energías a poner más orden en su administración, otra sería la realidad. No solo eso, sino que absteniéndose de este temperamento contencioso evitaría enervar más las justas críticas a su desempeño.

Pero lo más trascendente sería que, de una vez por todas, el mandatario comprenda que la democracia alienta el intercambio de pareceres con entera libertad. Sobre todo para que la opinión pública se pronuncie con espontaneidad frente al desempeño de sus autoridades. Es decir si alguien considera que las cosas en el país no están yendo por buen camino, pues tiene todo el derecho a decirlo. Ciertamente que sin segundas ni terceras intenciones, sino exclusivamente para intentar que el poder tome nota y enmiende las cosas. En otras palabras al presidente Kuczynski le conviene leer, ver y escuchar la crítica transparente –no sesgada– porque lo que hace todo estadista es nutrirse de ella sin necesidad de encarar al mensajero. Este ejercicio de tolerancia y aprendizaje le vendría muy bien a alguien como PPK, a quien esta nación eligiera esperanzada en tener a un gobernante de primera línea para solventar los ancestrales problemas que sigue arrastrando el Perú.

 

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Fuente: EXPRESO