La penitencia de los piuranos

Trujillo puede ser ahora la ciudad más segura del Perú. Los policías desplegados en las calles para garantizar seguridad al Papa Francisco, que llega este sábado, han generado una suerte de confianza en los vecinos y turistas.

A pocas horas de la misa histórica en una explanada de Huanchaco -se tiene prevista a las 10 a.m.-, Trujillo es la ciudad del apretón vehicular e incertidumbre. Los accesos a la Plaza de Armas están cerrados por completo; agentes de servicios especiales de la Policía resguardan; algunos restaurantes se mantienen abiertos en las cercanías.

El Señor Cautivo de Ayabaca ya está a pocos metros del altar donde el Sumo Pontífice edifique un día histórico. La Virgen de las Mercedes de Paita, en cambio, aguarda en una parroquia de la ciudad de Trujillo.

Los piuranos, tal como se ha visto en las transmisiones en vivo, acampan bajo la lluvia o con el temor ante ella. Al preguntarles por qué, responden que es una especie de penitencia, sufrimiento o forma natural de esperar al Papa Francisco, un personaje mundial que no respeta protocolos. Un personaje imprevisible, una persona que ha venido a un Perú envuelto en una crisis política y social. ¿Qué pasará después de que se vaya?

Aunque faltan piuranos por llegar a Trujillo, lo que se puede apreciar en esta visita papal es la esperanza puesta de la gente en sus acciones: esperar bajo la lluvia, dormir en el suelo, faltar al trabajo, aguantar hambre, lo que sea; la gente busca un cambio, y el padre Rómulo Jibaja, sacerdote de la Manganchería de Piura, lo resume así:

“El cambio es obra de Dios”.

[Por Gerardo Cabrera Campos]