2016: parteaguas histórico y escenarios futuros

Las tendencias apuntan a complejos escenarios llenos de contradicciones, conflictos e incertidumbres crecientes. 2016 comenzó con Macri de presidente en Argentina y la oposición venezolana controlando el parlamento, con la salida de Rousseff de la presidencia de Brasil, con el triunfo del Brexit en Gran Bretaña y del NO en Colombia, y terminó con la victoria de Trump en la presidencia y de los republicanos en el Congreso de Estados Unidos, concluyendo con la muerte de Fidel Castro en Cuba. El balance de fuerzas se transformó en el Mercosur, en Latinoamérica y en la OEA, en Estados Unidos, y comienza también a cambiar en Europa. En Centroamérica y en el mundo las tendencias apuntan a complejos escenarios llenos de contradicciones, conflictos e incertidumbres crecientes.

El suceso más importante, de consecuencias estratégicas globales, es el triunfo de Trump en la presidencia de Estados Unidos, con un ambicioso proyecto de reestructuración y recomposición nacional e internacional. Desde la reforma o rechazo del seguro médico (Obamacare) hasta medidas restrictivas a la inmigración, pasando por la expulsión de millones de inmigrantes ilegales con antecedentes criminales, principalmente mexicanos y centroamericanos. Sus consecuencias podrían ser devastadoras en México y aún más en el norte de Centroamérica, particularmente en el CA-3 que lidera los índices del crimen en el mundo.

Pero el más ambicioso proyecto de cambio a nivel global de Trump es la reestructuración de la globalización, priorizando que compañías estadounidenses no se vayan a invertir y producir a otros países y que regresen buena parte de las que se fueron. Para ello contemplan una combinación de medidas, resaltando imponer tarifas de importación hasta del 35 % y reducciones del impuesto a las ganancias de 35 a 10 % para las que regresen y a 15 % para las que se queden, válido para todas las empresas independientemente de su origen. Asimismo, se propone aumentar las tarifas de importación a los productos de China, y a cualquier otro país que Estados Unidos considere esté manipulando a la baja el tipo de cambio de su moneda para hacer más competitiva sus exportaciones hacia el mayor mercado del mundo. Este posicionamiento negociador constituye el punto de partida de un proceso que tendrá que tomar en cuenta los tratados internacionales y las posibles reacciones y represalias de las potencias que constituyen algunas de sus principales contrapartes.

La reestructuración de la economía mundial y la globalización que posibilitó el desplazamiento de plataformas productivas del centro a la periferia del sistema capitalista mundial en las últimas tres décadas y media industrializó y creó una gran capacidad productiva y exportadora a los tigres asiáticos, a China, India, Brasil y México, sacando –literalmente– a más de mil millones de habitantes de la pobreza. La lógica del impulso y desarrollo de esta nueva globalización del capitalismo mundial fue la reestructuración de la rentabilidad del capital y el aumento sostenido de ganancias netas, a partir de la reducción de los costos de producción, consecución de nuevos mercados, y reducción de tiempos y distancias entre los centros de producción y de consumo.

El CA-4 se insertó tarde y distorsionadamente a la globalización después de dos décadas de conflictos, exportando mucha gente y pocos bienes y servicios. Los tratados de libre comercio con Estados Unidos y México promovieron un aumento sostenido de las importaciones por encima que el de las importaciones, aumentando los déficits comerciales que oscilaron entre 10 y 20 % del PIB.

La estrategia de atracción de inversiones en Estados Unidos promovidas por Trump podría tener consecuencias en México, pero también en Brasil y en otras potencias industriales emergentes de Asia. La “reindustrialización” y un mayor crecimiento de Estados Unidos es una necesidad para millones de familias de trabajadores de “cuello azul” abandonadas a su suerte con la salida de miles de empresas a otras regiones del mundo. Dicha compleja reconstrucción enfrentará grandes obstáculos y podría tener efectos negativos en la inversión, el crecimiento, el empleo y los balances fiscales, financieros y comerciales de varias economías emergentes, limitando a mediano y largo plazo la misma demanda a las exportaciones de bienes y servicios de Estados Unidos. El nuevo proteccionismo estadounidense y las eventuales guerras comerciales resultantes podrían disminuir el crecimiento de una economía mundial con perspectivas de mediano plazo poco alentadoras.

Con la aprobación del congreso colombiano del tratado de paz renegociándose entre el gobierno y las FARC, talvez sea posible salvar la paz en Colombia, no obstante el fortalecimiento de los adversarios del acuerdo con el triunfo del NO y con la llegada de Trump a la Casa Blanca. La normalización de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba, la superación del bloqueo económico-comercial y su integración a la economía internacional, podrían verse interrumpidas por mayores exigencias del nuevo presidente y del nuevo Congreso estadounidense de concesiones en materia de derechos humanos y democratización política. Ya sin la sombra y el veto de Fidel, ¿estará dispuesto Raúl Castro a ir al encuentro de las nuevas exigencias de Trump que conducirían al cambio de régimen político Improbable.

Este 2016 es un parteaguas histórico, desafiando el análisis de los escenarios futuros.