La banca ha logrado administrar mayor riesgo”

Lázaro Figueroa es el primer presidente de Scotiabank El Salvador que es, de hecho, salvadoreño. El ejecutivo ha realizado su carrera en este banco, al que ingresó en 1999, como gerente sénior de Productos.

Ha pasado por diferentes posiciones –incluyendo mercado y comunicaciones– y formó parte del proceso de integración de bancos en el extranjero. Vio la parte de red de negocios y operaciones del banco y tuvo una posición en la división internacional, en cobranza de banca de personas y pequeñas empresas, que lo llevó un tiempo a Canadá y luego a México.

Desde este año está a la cabeza de la operación en El Salvador, y asume el cargo en un momento delicado: problemas de liquidez y de asignación presupuestaria en el Gobierno han llevado a que firmas internacionales bajen la calificación de riesgo del país.

Tras caer en impago con los fondos de pensiones, empresas como Fitch, Moody's y Standard & Poor's colocaron al país en las calificaciones crediticias más bajas de la región, compartiendo el sótano con Venezuela.

Una mala calificación de riesgo envía el mensaje de que El Salvador no es buena paga y que eventualmente podría incumplir sus obligaciones con sus acreedores. El resultado es que conseguir financiamiento se vuelve más caro, el dinero en general se encarece.

Figueroa admite que ya han comenzado a ver estos efectos, pero que han sabido administrarlos. Explica que, por ejemplo, los aumentos en las tasas se están viendo en sus líneas de corresponsalía, de las que sacan un 20 % de su fondeo. El equilibrio se ha mantenido, dice el presidente de Scotiabank, gracias a que el otro 80 % de los fondos proviene de los depósitos del público.

¿Cómo está la operación de Scotiabank en El Salvador ¿Cómo ha estado el crecimiento desde la compra del Banco de Comercio?

Scotiabank ha estado en El Salvador desde hace casi 20 años, somos el accionista con mayor trayectoria. Se inició en 1997 con la compra de Ahorromet, en ese momento se era el sexto banco, y en 2004 se da la oportunidad de adquirir el Banco de Comercio. Actualmente somos el número uno en participación de hipotecas con el 35 %, tenemos una solidez en esa área, y en retail o banca de personas somos el segundo del mercado, con una participación cercana del 20 %, y en el número tres del total de créditos del sistema.

El banco ha ido consolidando su modelo de negocios, basado en una fuerte cultura de administración de riesgos, que nos permite ir midiendo poco a poco la estrategia según las situaciones que se estén dando en el mercado. Nuestro modelo de negocios se basa en el cliente. Creemos que eso nos ha rendido cuentas al fomentar y estrechar las relaciones de largo plazo con los clientes.

¿Cómo están sus indicadores?

Tenemos un coeficiente patrimonial que anda arriba del 20 %, por encima del requerimiento del mercado del 12 %. El coeficiente de liquidez también está arriba del 20 %, por encima de los requerimientos. El sistema financiero de El Salvador está debidamente soportado, sólido, es algo de lo que los salvadoreños deberíamos sentirnos orgullosos. Scotiabank está muy sólido, tenemos una marca que nos da gran respaldo, y tenemos las condiciones para desarrollar estrategias de inversiones que nos lleven a ser más competitivos.

¿Cuáles son las particularidades del mercado salvadoreño a las que ha tenido que adaptarse Scotiabank?

Este es un mercado bastante competido. Ha habido varios cambios en accionistas y nos ha llevado a hacer cambios en estrategias y enfoques. En temas de competitividad tenemos bien claras nuestras estrategias, nuestro enfoque al cliente, y eso implica brindar soluciones de acuerdo con las necesidades financieras individuales de nuestros clientes. El punto número dos es el liderazgo y el recurso humano, que son el elemento más valioso para cumplir con el enfoque en el cliente. El punto número tres es nuestra mezcla de negocios, estamos revisando nuestra mezcla y creemos que tenemos una buena oportunidad de avanzar en el área de banca de personas, y en pequeña y mediana empresa, fundamentales para el crecimiento de la economía. Mantendremos una posición sólida en hipotecas, y en depósitos estamos ofreciendo la banca día a día y opciones de inversión. Un cuarto punto de la estrategia son nuestros costos estructurales, creemos manejarnos en índices de eficiencias que nos permiten enfocar nuestros recursos en la quinta estrategia, que es la transformación digital.

¿Qué están haciendo en esa área?

Tenemos una casa matriz que está haciendo una inversión muy fuerte en llevar a cabo esta transformación a nivel internacional. Solo este año son más de 425 millones de dólares canadienses ($312 millones), y en los próximos tres años serán 1.3 billones de dólares canadienses ($955 millones). Hemos desarrollado cinco diferentes fábricas digitales, en Canadá, México, Chile, Perú y Colombia, y con esto vamos a tratar de tener las mejores prácticas de ese modelo de negocios en innovación y tecnología, que va enfocado también hacia el ciente.

¿Y en El Salvador?

En El Salvador particularmente estamos haciendo una inversión de $6 a $8 millones en total, y esto incluye la parte de la renovación tecnológica, innovación e ir mejorando nuestra estructura para atender mejor a nuestros clientes.

¿Cuál fue el crecimiento que registraron el año pasado y cuál esperan para este año?

Depende del rubro, creemos que tenemos un peso fuerte en hipotecas y queremos mantenernos en esos niveles. Hemos crecido saludablemente en la parte de consumo, en tarjetas de crédito particularmente crecimos un 11 % y en consumo tradicional alrededor de un 5 %. Nuestras utilidades crecieron en comparación con el año anterior alrededor del 9 % y lo que buscamos este año es entrar en esquemas similares. La economía está creciendo entre un 2 % y un 2.3 % y nosotros buscamos tener un crecimiento del 3 al 5 % general como institución. Creemos en una administración prudencial del riesgo y en enfocarnos en las necesidades del cliente.

¿Qué demanda el cliente salvadoreño ¿Cómo trabajan para evitar el sobreendeudamiento o promover el ahorro?

El mercado salvadoreño está siendo cada vez más educado en su elección y entendimiento de cómo administrar adecuadamente el crédito. El crédito es algo esencial para nuestros ciclos de vida, y Scotiabank se enfoca en eso, invertimos mucho en la educación financiera tanto interna como de nuestros clientes para poder llevar a cabo una conversación en la que entendamos sus necesidades y tratar de brindarles soluciones, eso puede ser un crédito, una banca día a día, una inversión. Tenemos diversos pilares como banca institucional.

¿Cómo es el clima de negocios para la banca en El Salvador?

En efecto hay retos. La economía no es tan dinámica como en otros países. La economía con el dinamismo que se pueda desarrollar permite que el crecimiento del sector bancario ayude a ese proceso. En El Salvador, al tener crecimientos relativamente bajos, hace que se deba administrar mejor lo que existe. Somos un mercado pequeño, con poca economía de escala y con bastante competencia. Eso nos hace verdaderamente cada vez más buscar ser más competitivos y enfocarnos en los clientes.

¿Y en la parte regulatoria?

Ese es un punto importante. Aparte de ser un mercado bastante competido, del reto de ser una economía no tan dinámica, tenemos una regulación bastante sólida y fuerte. Nosotros estamos a favor de tener un regulador fuerte porque eso nos permite tener reglas claras y que el sistema financiero sea sólido, lo que es base fundamental para una economía.

¿Cómo los han afectado los cambios recientes, como el impuesto a las operaciones financieras?

Hay un impacto en los costos, en cómo operamos. Nos administramos dentro de ellos. La rentabilidad del sistema financiero en general es de las más bajas de la región y eso no nos permite tener los crecimientos que quisiéramos para hacer mayores inversiones.

¿Ustedes están viendo ya efectos de la reducción en la calificación de riesgo soberano de El Salvador?

Lamentamos esa situación, creemos que tener una mejor calificación de riesgo permite que haya más confianza en todo sentido. En efecto, tenemos una buena porción de nuestros fondeos en líneas de corresponsalía, evidentemente ligadas a las tasas de interés internacionales y el hecho de que haya un mayor riesgo país pone presión en esas líneas para que suban las tasas de interés. Pero por otro lado el sistema financiero está sólido, líquido y solvente, y hay que ver la otra parte de la moneda: tenemos un 80 % de los recursos de fondeo que son internos por depósitos del público que permite mitigar esta situación. Pero sí, esperamos que se solvente.

¿Pero ya ven efectos?

Hay presión en las líneas de corresponsales en ese sentido, aumentos de tasas, más prudencia en desembolsos de esas líneas, y eso debemos administrarlo. La ventaja es que tenemos un ambiente de solidez que nos permite navegar. Hemos hablado con los reguladores que como sistema financiero hemos podido administrar adecuadamente esta situación. No es lo apropiado, no es el ambiente de negocios que queremos, no solo para la banca sino para el país, y esperamos que poco a poco lo lleguen a solventar.

¿Qué otras cosas necesitan mejorar para que el sector financiero crezca más?

En la parte regulatoria lo que necesitamos es claridad, trasparencia, debemos de sentir certidumbre de que las reglas no van a cambiar. Y no necesariamente es un tema de regulación de nuestros entes supervisores, sino en general del ambiente de negocios. Lo que necesitamos es que nos mantengamos dentro de una visión de que las reglas de negocio son estables y que nos incentiven a tener esa inversión para poder seguir creciendo en el mercado. Los bancos somos sumamente regulados, debemos invertir mucho en cumplimiento, y hay que educar al mercado también. Allí está el balance para asegurar que los depósitos del público están seguros.