Asfixian a sexagenario con una camisa

A Luis Alberto Romero Martínez, de 67 años, le amarraron las manos y le apretaron el cuello con una de sus camisas hasta asfixiarlo. Su homicida actuó durante la madrugada del miércoles. Entró a la residencia, en la avenida 11 con calle 29 y 30 del sector San Benito, del municipio San Francisco, sin dificultad. Las cerraduras no estaban violentadas. El asesino es conocido y las autoridades le siguen los pasos.

A las 5:00 de la mañana los vecinos se dieron cuenta que la puerta principal de la pieza de Romero estaba abierta. “A esa hora llegó a la calle un camión de agua que guardan en la casa de enfrente y sus luces alumbraron la fachada de la vivienda”, explicó Crisangela Hidalgo, vecina.

Esa irregularidad alertó a la comunidad. Entre varios comenzaron a llamarlo desde la entrada. “Lucho, Lucho” y él no contestaba. Temerosos por no escuchar respuesta ingresaron a la vivienda y al llegar a su cuarto lo consiguieron junto a su cama, boca arriba y sin signos vitales

Para ellos la escena fue “aterradora”. Luis ya estaba pálido, con los labios morados y rígido. Sobre su cuello estaba la camisa con la que le quebraron la traquea.

Angustiados fueron hasta la calle de atrás y alertaron a Tamara, hermana de la víctima, sobre el hallazgo. Desesperada fue a verlo y no podía creerlo. Lloraba desconsolada y sin pausa

Sin poder moverlo, avisaron a las autoridades de la policía sureña lo ocurrido. Estos se trasladaron al sitio del suceso y le comunicaron la novedad a los detectives del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc).

Los sabuesos de la subdelegación La Cañada de Urdaneta, al llegar a la pieza y ver el cuerpo, diagnosticaron que el occiso tenía una data de muerte de cuatro horas. Aproximadamente lo ultimaron a las 2:00 de la mañana.

Sin embargo, Hidalgo, expresó que a esa hora ella estaba en el frente de su casa con otras personas y no vio nada.

“Romero disfrutaba de su soledad, su hermana le decía que se fuese con ella a su casa, porque él estaba enfermo del páncreas y la vesícula, pero él nunca quiso”, recordó otro conocido.

Incógnita

Residentes aseguran que tuvo que ser alguien cercano a la víctima quien llegó a su hogar. Al parecer fue el mismo “Lucho” quien le abrió a su homicida.

“Él era muy cerrado con sus cosas. Era muy confiado y tranquilo. Lo único extraño era que metía en su vivienda a mucha gente desconocida. Puros hombres y casi todos jóvenes, de 29 años aproximadamente”, señaló Crisángela.

La dama apuntó que cuando le preguntaban al sexagenario quienes eran sus visitantes, este respondía que “un sobrino, un hijo, entre otros, y era falso, según su hermana, pues Romero no tuvo esposa ni hijos. Solo tenía un sobrino, hijo de Tamara, quien cada noche pasaba a verlo para verificar que estuviese bien. De resto su hermana le llevaba cada mañana su desayuno y el almuerzo, antes de irse a trabajar.

Para los vecinos lo extraño es que ni siquiera Nubia, la pitbull que acompañaba a Luis, ladró.

Posible pasional

Los funcionarios del cuerpo detectivesco, revisaron toda la vivienda buscando evidencias. Estos descartaron en el lugar la hipótesis de la resistencia al robo a pesar de que faltaba un radiecito, según Tamara.

Para los investigadores este crimen se trató de algo más personal. “Fue alguien muy cercano, pues ni siquiera la pitbull emitió un quejido. Por los momentos se presume que se trate de un crimen pasional. Pero no descartarán otros vértices hasta que las averiguaciones culminen”, dijo el vocero policial.

Luis Alberto para muchos era un gran hombre, lleno de misterio y a su vez bondades. Era un señor solitario que cada día se sentaba en la acera que está frente a su hogar y en las gradas del estadio de béisbol de Pdvsa, que está diagonal a su vivienda.

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